Guerra de las Alpujarras

Datos históricos

Fecha: 1500-1501
Bando 1: El Reino de Castilla
Bando 2: Moriscos de las Alpujarras

El conflicto

En las capitulaciones que en Granada se firmaron en 1492 se reconoció a los musulmanes la conservación del culto mahometano y de su ley religiosa. Sin embargo, Cisneros quiso imponer una conversión forzosa a los mudéjares granadinos dejando a un lado la política de atracción que hasta entonces llevaban a cabo con gran acierto el conde de Tendilla, nuevo gobernador militar de la ciudad conquistada, y fray Hernando de Talavera, primer obispo de Granada. Cisneros ordenó quemar en la plaza de Bibarrambla algunos ejemplares del Corán, mandando retirar antes los libros científicos que fueron depositados en el colegio de San Ildefonso de Alcalá de Henares.

Los moros descontentos provocaron en el Albaicín un primer intento de sublevación, que pudo haberle costado a Cisneros la vida si no hubiera intervenido a tiempo el obispo Talavera. Preocupados los Reyes Católicos por el cariz que tomaban los asuntos granadinos, ordenaron se instituyera un proceso y los del Albaicín, temerosos de ser objeto de represalias, prefirieron convertirse por conveniencia.

Pero mientras tanto el eco de la sublevación se había corrido por toda la sierra granadina y en enero de 1500, prácticamente la Alpujarra entera estaba en pie de guerra. Al frente de las tropas españolas que marchaban a someterles iban Tendilla y Fernández de Córdoba, pero al poco tiempo el rey Fernando en persona asumió el mando del ejército. En seguida se conquistan las plazas de Guejar, Mondújar, Lanjarón y Lonjar y los moros de la Alpujarra, de Guadix, Baza y Almería deciden someterse.

Pero en 1501, y con más fuerza, rebrota la sublevación a lo largo de toda la sierra de Filabres, pasando después a la serranía de Ronda. El ejército de Castilla contaba con jefes de la categoría del conde de Cifuentes, conde de Ureña y Alonso de Aguilar, el hermano del Gran Capitán, que sufrió un peligroso descalabro que le costó la vida en Sierra Bermeja. El mismo don Fernando decidió castigar a los moros, pero estos, temerosos de una feroz represalia, prefirieron entregarse.

El rey quiso ser benigno, mas siguiendo las ideas de Cisneros, acabó por obligar Pragmática del 11-II-1502 a todos los mudéjares de Castilla y León a elegir entre la salida inmediata de España o la conversión al cristianismo. La mayor parte optó por la conversión, que solo ventajas podía reportarles. Los conversos empezaron a ser considerados como moriscos y pasaron a constituir una de las capas sociales más importantes de la Península, pues prácticamente sobre ellos caía todo el peso de la agricultura.

ALONSO-CASTRILLO, Álvaro, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E, págs. 188-189.