Gonzalo Queipo de Llano

Datos biográficos

Militar
Nacimiento: 1875
Fallecimiento: 1951

Biografía

[Tordesillas, Valladolid-Sevilla]. Oficial del Ejército, arma de Caballería. Ingresó en la Academia de Caballería de Valladolid en 1893. Veterano de las campañas de Cuba (1996-1998) y Marruecos desde 1909. Ascendió a general de brigada en 1925. Reputado por su republicanismo de toda la vida, fue desterrado durante la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) y pasó a la reserva.

El general Gonzalo Queipo de LlanoEl general Gonzalo Queipo de Llano.

Tuvo un penoso altercado con José Antonio Primo de Rivera cuando este le abofeteó en público por haber denigrado la memoria de su padre. Dirigió en 1930 la fracasada sublevación republicana del aeródromo de Cuatro Vientos, en la que también estaban implicados Hidalgo de Cisneros e Indalecio Prieto, por lo que tuvo que exiliarse en Francia, y publicó un opúsculo de autobombo titulado El general Queipo de Llano perseguido por la dictadura, Madrid, 1930. Al proclamarse la República (1931), regresó al servicio activo, fue nombrado jefe de la Primera Región Militar (Madrid) y respaldó de manera inequívoca las reformas militares de Azaña.

Ascendió a general de división y luego asumió la jefatura del Cuarto Militar del presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora que era su consuegro, en diciembre de 1931, cargo en el que fue relevado en marzo de 1933 tras haber proferido algunos comentarios desfavorables para el Gobierno que podían comprometer la debida imparcialidad del Jefe del Estado. Director General de Carabineros (1934-1936), fue ganado para la rebelión contra la República por el general Mola, con el que se entrevistó en Pamplona en abril de 1936 y que le encomendó el mando de la sublevación en Sevilla, aunque él prefería su Valladolid natal.

Al estallar la rebelión, el 18 de julio, se encontraba en Huelva, desde donde telegrafió al Gobierno para ponerse engañosamente a su disposición. Luego se dirigió a Sevilla, en cuya capitanía general, sede de II División Orgánica, se ocultó por unas horas, a la espera de que la situación madurara. Con el respaldo del comandante José Cuesta Monereo, que estaba en contacto con los conjurados, salió de su escondite en el momento oportuno y trató de convencer la jefe de la División, el general Fernández de Villa-Abrille, para que se uniera a la sublevación. Ante la respuesta negativa de este, ordenó su detención y la de otros jefes y oficiales leales a la República, e inmediatamente hizo un recorrido por todos los cuarteles de la capital hispalense para ganarse a la guarnición.

Paralelamente, declaró el estado de guerra, se proclamó general en jefe del Ejército del Sur, detuvo a todas las autoridades provinciales y locales y a las diez de la noche del mismo día 18, por Radio Sevilla, inició unas charlas radiofónicas, que se harían famosas, en favor de la rebelión, llenas de mentiras, sofismas y bravuconadas, sin duda con el propósito inicial de acollonar a sus eventuales enemigos, destinatarios de invectivas y burlas personales, y galvanizar a sus seguidores.

Los textos, entre la arenga y la soflama, entreverados de insultos y calificativos soeces, eran publicados al día siguiente por el diario ABC, convertido en portavoz entusiasta de los insurrectos, como una advertencia o un estímulo. En cualquier caso, sus charlas fueron una verdadera novedad como medio de guerra psicológica, pero fueron suspendidas en febrero de 1938 probablemente por el deseo de mejorar la imagen internacional del Gobierno de Burgos.

Ante la escasez de tropas, emplazó varias piezas de artillería en el centro de la ciudad y logró la rendición del gobernador civil y la toma del edificio de Telefónica, que estaba custodiado por guardias de Asalto. Al día siguiente (19), tras un llamamiento por Unión radio, los sindicatos replicaron declarando la huelga general, mientras en los barrios obreros se levantaban barricadas e incendiaban iglesias y edificios de la aristocracia, de manera que, enfrentado a una resistencia tenaz y con sus precarios medios, recurrió al ardid de pasear varias veces, en camiones a un grupo de legionarios y regulares llegados por vía aérea, para hacer creer que eran mucho más y amedrentar a sus enemigos.

No obstante, la toma de la ciudad no se produjo sino por el empleo indiscriminado del terror en muchos sectores populares donde se produjeron fusilamientos masivos de militantes o simpatizantes de los sindicatos y partidos de izquierda. Tras una represión implacable, a veces tan cruel como innecesaria, aterrorizada parte de la población, el día 21 de julio se había hecho con el control completo de la capital andaluza, que estaba considerada como un bastión republicano e izquierdista.

Una independencia rayana en la satrapía, incluso en la represión principado semi independiente le llama el historiador Gabriel Jackson, como se demostró con la ejecución de general Campíns Aura a pesar de la petición de clemencia del mismísimo Franco, y las relaciones comerciales que entabló con algunos países extranjeros. El historiador Ricardo de la Cierva asegura que actuaba como un virrey. En contra de lo que aún puede leerse en numerosos libros, no fusiló, aunque sí mantuvo en prisión, al general Fernández de Villa-Abrille. Su poder fue disminuyendo a medida que aumentaba el de Franco.

En las reuniones que los jefes militares celebraron cerca de Salamanca para elegir al generalísimo, recusó a Mola y apoyó a Francisco Franco, pese a una supuesta animadversión personal hacia este, por considerar que era el único que podía obtener el necesario apoyo internacional para ganar una guerra que se presentaba más larga y difícil de lo previsto.

En octubre de 1936, Francisco Franco lo confirmó en el cargo de jefe del Ejército del Sur, en el que permaneció durante toda la guerra, sin otra actuación destacada que la de la toma de Málaga (febrero de 1937). Al terminar la contienda, promovido a teniente general, fue relevado como capitán general de la II Región Militar (Sevilla) y reemplazado por el general Saliquet Zumeta. Su irritación con Francisco Franco se enconó ante la negativa de este a conceder la Laureada Colectiva a la ciudad de Sevilla.

Desde agosto de 1939 a enero de 1942 presidió una misión militar en Italia, lo que más que un premio parece simplemente una maniobra para alejarlo de España. Pasó a la reserva en 1943. Protagonizó varios desencuentros con Francisco Franco, que hasta febrero de 1944 no le concedió la Cruz Laureada de San Fernando que con tanto ahínco venía solicitando. A finales de 1950, Franco igualmente le otorgó el título de marqués de Queipo de Llano. Falleció en el cortijo de Gambogaz de su propiedad, en los alrededores de la capital, el 9-III-1951, y está enterrado a los pies de la virgen de la Macarena, en su basílica. Todo lo que se ha dicho y escrito sobre los motivos de su implicación en la rebelión militar son meras conjeturas.

En sus Memorias, el presidente Azaña censura su ligereza e indiscrección notables. Otros autores suponen que se sintió vejado por su destitución como jefe del Cuarto Militar del presidente de la República en marzo de 1933 y luego enojado por la destitución como presidente de la República de su consuegro Niceto Alcalá Zamora. Su figura fue exaltada sin freno por Antonio Olmedo Delgado y José Cuesta Monereo en la biografía General Queipo de Llano, Aventura y audacia, Barcelona 1957.

La represión ejercida bajo su mando fue relatada con todo detalle por Antonio Bahamonde y Sánchez de Castro en Un año con Queipo de Llano. Memorias de un nacionalista, Barcelona 1938, nueva edición en Sevilla, 2005, que constituye el relato más directo, estremecedor, amplio y documentado del terror impuesto por los sublevados en gran parte de Andalucía, la llamada entonces Región Militar Sur. El autor fue jefe de propaganda de Queipo de Llano, pero en 1938, asqueado por los métodos de este, se pasó a la zona republicana.

Madridejos, Mateo, Diccionario onomástico de la guerra civil, Ed. Flor del Viento, 2006, págs. 295-298.