Nubeluz

Guerra Civil Española

La Batalla de Aragón

A los tres meses de concluida la campaña del N., Franco no había conseguido sacar provecho de su ventajosa situación, aunque su Estado Mayor preparaba una nueva ofensiva sobre Guadalajara que, en mayor escala, reproducía la realidad sin éxito en marzo del año anterior. También Rojo y su Estado Mayor elaboraban planes para recuperar la iniciativa, especialmente uno destinado a romper el frente adversario en Extremadura con unas 25 divisiones y otros dos, de carácter estratégico, cuyos objetivos últimos consistían en la ocupación de Huesca y Teruel. El Gobierno y su ministro de Defensa, Prieto, rechazaron por irrealizable el plan presentado por Rojo y optaron por el (ofensiva sobre Teruel) en una reunión celebrada el 8-12-1937.

A nivel estratégico esta operación tenía un carácter eminentemente defensivo, por cuanto la ocupación de Teruel suprimía un peligroso saliente de las líneas enemigas, pero cerraba toda posibilidad de proseguir un avance en profundidad. Se desplegaron tres de los cinco cuerpos de Ejército –XX (Menéndez ), XXII (Ibarrola ) y X08 (Heredia )– que tenía el recién formado ejército de Maniobra, bajo el mando directo del general Rojo. En total unos 40.000 soldados, apoyados por 125 piezas de artillería, 92 tanques y 80 carros, que iniciaron la ofensiva en la madrugada del 15-12-1937.

Una semana después las primeras tropas republicanas entraban en la ciudad, aunque los defensores —unos 7.000, dirigidos por los coroneles Rey d'Harcourt y Barba — se hicieron fuertes en el Gobierno Civil, el Banco de España, el Seminario Conciliar y un convento. Franco ordenó entonces el envío de dos cuerpos de Ejército —con un total de ocho divisiones y 296 cañones— mandados respectivamente por Aranda y Varela, que sin embargo, no lograron sus objetivos.

El 7-01-1938 Rey d'Harcourt —como antes Barba— se rindió con sus oficiales: por primera vez en la guerra, las tropas gubernamentales recuperaban una capital de provincia y la retenían en su poder. Sin embargo, como en otras ocasiones, Franco no se resignó a esta pérdida y, con la idea de restablecer la situación inicial, emprendió una contraofensiva con el Ejército de Operaciones de Teruel. Al mando de Dávila, este quedó constituido por las trece divisiones de los cuerpos de Ejército Marroquí, de Galicia y de Castilla, además de la reserva del Ejército del N., compuesta por la división de caballería de Monasterio y las divisiones 85ª y 52ª, que cubrían el frente pasivo. En total unos 125.000 soldados, con cuatrocientas piezas de artillería y dominio aéreo absoluto, que convergían sobre Sierra Palomera y el río Alfambra.

Se les oponían las divisiones republicanas reforzadas por los dos cuerpos restantes – V (Modesto) y XXI (Perea )– del ejército de Maniobra. El 22-02-1938 la 1ª división de Navarra entró en Teruel, evacuada horas antes por la 46ª división de Valentín González El Campesino, a costa de numerosas bajas, y tres días después Modesto logró estabilizar el frente en la margen derecha del Alfambra. Finalmente las posiciones quedaban escasamente modificadas respecto al inicio de la ofensiva, pero la República hubo de poner en combate la totalidad del Ejército de Maniobra, cuando Franco todavía completaba sus reservas estratégicas e, incluso dejaba sin intervenir al Corpo Truppe Volontarie CTV.

El 9-03-1938 los cuerpos de Ejército Marroquí (Yagüe) y de Galicia (Aranda), el CTV y la Agrupación García Valiño, con 165 baterías y 400 aparatos de la Brigada Aérea Hispana, la Aviación Legionaria y la Legión Cóndor, rompieron el frente por una línea comprendida entre Vivel del Río Martín (Teruel) y Medina de Aragón (Zaragoza). El XII cuerpo del Ejército republicano abandonó sus posiciones, el X08 de Fernández Heredia fracasó en su intento de contener la penetración y solo el XXI resistió el ataque de Aranda, aunque hubo de replegarse a la derecha del río Martín al quedar su flanco descubierto.

El día 10 Yagüe entró en Belchite, el día 13 las tropas de Valiño cruzaron el Martín y el día 14 efectivos del CTV ocuparon Alcañiz, mientras atravesaban el río Ebro el resto de las divisiones republicanas encuadradas en una improvisada Agrupación Autónoma del Ebro. Los días siguientes fueron de relativa calma impuesta a las doce divisiones de Dávila por el agotamiento y por la presencia, en el sector del río Guadalope, de la línea defensiva que ocupaban las principales unidades enemigas: los cuerpos de Ejército de Modesto e Ibarrola, y las divisiones de Walter, Hans, Durán, Cristóbal, Tagüeña, Fresno, Aldo Morandi, Martín Calvo y Cortina.

La organización del nuevo frente correspondía al coronel Menéndez, jefe del Ejército de Maniobra, en el que se integraron los efectivos de los cuerpos de Ejército XII y X08 que no habían cruzado el Ebro. Sin embargo, el Estado Mayor de Franco reanudó la ofensiva más al N. con la intención de que el cuerpo de Ejército Marroquí cruzara el Ebro en la inmediaciones de Gelsa (Zaragoza), para continuar hasta Fraga (Huesca) y copar la retaguardia republicana. El 22-III las divisiones navarras de Solchaga rompieron el frente de Huesca, estabilizado desde el principio de la guerra, y durante la tarde de ese mismo día, la vanguardia de la 13ª división de Barrón atravesó el Ebro y arrolló la Agrupación de Martín Barco.

Como simultáneamente el X cuerpo de Ejército republicano abandonaba sus posiciones, el XI se retiró detrás del río Alcanadre mientras las tropas de refresco y el resto de la 35ª división se disponían a ocupar una nueva línea de detención a lo largo del Cinca, desde Monzón a Mequinenza (Huesca). Sin embargo, las divisiones navarras de Solchaga cruzaron el Alcanadre con dirección a Barbastro —rendido el día 29— y cortaron las comunicaciones entre las divisiones 43ª y 31ª, que optaron por buscar refugio en los valles pirenaicos junto a la frontera francesa.

La desarticulación del X cuerpo de Ejército fue aprovechada por Moscardó para desbordar las posiciones del XI Cuerpo en la sierra de Alcubierre, que Montaner abandonó ante el temor de ser copado por las tropas de Yagüe, las cuales habían ocupado Bujaraloz (Zaragoza) y proseguían su avance hacia Fraga. Las divisiones navarras cruzaron el río Cinca el 30-III, y cuatro días después. el Noguera Ribagorzana y el Noguera Pallaresa, lo que les permitió apoderarse de Tremp (Lérida) y de las centrales hidroeléctricas que suministraban energía a Cataluña.

En su avance por las cabeceras de los valles pirenaicos dejaron atrás a la 43ª división de Beltrán, El Esquinazau, que, aislada en el valle de Bielsa, resistió hasta el 16-VI. El cuerpo de Ejército de Aragón (Moscardó) cruzó el Cinca, ocupó Sariñena y, el 29-III, se reunió en Monzón (Huesca) con las tropas de Solchaga, mientras que el cuerpo de Ejército Marroquí, después de tomar Fraga el día 27, entró en Lérida el 3 de Abril. En el S. la división de Líster rechazó un ataque frontal del CTV, al mando de Berti, pero este desvió sus unidades hacia el N. y, tras unirse con las divisiones de Valiño y Monasterio, tomó Gandesa (Tarragona) el 3-IV. El día 15 de ese mes la 4ª división navarra, dirigida por Camilo Alonso Vega, alcanzó la costa mediterránea en Vinaròs (Castellón): el territorio de la España republicana quedaba dividido en dos partes.

Segundo gobierno de Negrín

Cuando la conmoción provocada en la retaguardia republicana por el desastre de la conocida "batalla de Aragón" hacía presagiar un rápido fin del conflicto, el PCE intensificó sus iniciativas encaminadas a imponer una política de resistencia con la colaboración del Ejército Popular. El 5-04-1938 Negrín formó un "Gobierno de Unidad Nacional", con la participación de todos los partidos políticos y las dos centrales sindicales: Álvarez del Vayo (Estado) y Gómez (Gobernación) del PSOE; González Peña (Justicia) de la UGT; Uribe (Agricultura) del PCE; Blanco (Instrucción Pública y Sanidad) de la CNT; Méndez Aspe (Hacienda y Economía), Velao (Obras Públicas) y Giral (ministro sin cartera) de IR; Aiguader (Trabajo) de Esquerra Republicana de Cataluña e Irujo (ministro sin cartera) de PNV. Además de la Presidencia Negrín asumía la cartera de Defensa Nacional en sustitución de Prieto, cuya salida del gabinete evidenciaba tanto el enfrentamiento personal surgido entre ambos, como las dificultades reales existentes para lograr la necesaria unidad.

A pesar de ello el Gobierno contaba con el apoyo de todas las organizaciones y partidos del Frente Popular y, el 15-IV recibió el voto de confianza de la Diputación Permanente de las Cortes. Su objetivo inmediato era la creación de un ejército que reemplazara las considerables pérdidas humanas y materiales ocasionadas por las ofensivas franquistas en el N. y Aragón. Para ello se establecieron los Centros de Recuperación de Personal y se ordenó la incorporación de los reservistas de 1928 y 1927, de los reclutas de 1941 y de los obreros técnicos de la construcción comprendidos en los reemplazos de 1926 a 1922.

La operación constituyó un éxito –Rojo calcula más de cien mil hombres movilizados– y las nuevas brigadas fueron equipadas con el armamento soviético recibido pronto a través de la frontera francesa. Completando esta política de guerra, el Consejo de Ministros aprobó el 30-04-1938 un programa con el cual pretendía proclamar el carácter nacional de sus acciones y de sus fines, para oponerlo a la propaganda adversa y sentar las bases de una futura convivencia entre los españoles.

Conocido como los "trece puntos de Negrín", constituía una oferta para concluir la guerra, asegurar la paz y restaurar la democracia, independencia e integridad del territorio nacional. Proponía la existencia de un Ejecutivo fuerte elegido por sufragio universal; una estructura jurídica y social del Estado determinada en plebiscito al final de la contienda; respeto de las libertades regionales sin comprometer la unidad española; respeto a la propiedad privada dentro de los límites dictados por los intereses superiores de la nación; indemnización a los extranjeros cuyos bienes hubiesen sufrido daños a causa de la guerra; libertad de conciencia y religión; reforma agraria; garantía de los derechos de los trabajadores; ejército al servicio de la nación, ajeno a las influencias partidistas; política de paz, seguridad colectiva y apoyo a la Sociedad de Naciones y amnistía para todos los españoles que desearan participar en la reconstrucción de España.

Una vez más el apoyo al programa fue unánime, pero la oposición al presidente del Gobierno y a los comunistas que secundaban su política militar aumentaba conforme la situación bélica se agravaba. Los bombardeos realizados por la aviación italiana, con base en Mallorca, sobre Barcelona los días 16, 17 y 18 habían sido los más devastadores y cruentos –unos 1.200 muertos– de toda la guerra. El 18-IV las tropas de Franco controlaban sólidamente toda la orilla derecha del Ebro y, tras la ocupación de Benicarló (Castellón) por Aranda, la escisión entre los ejércitos gubernamentales superaba los 40 Km. La situación internacional tampoco favorecía a la República: el 13-II Chautemps había formado Gobierno en Francia sin la participación de los socialistas y, una semana después, Eden había dimitido como secretario del Foreing Office, en desacuerdo con Chamberlain sobre la apertura de negociaciones con Italia. La anexión de Austria por el III Reich alemán el 15-III, comenzada la ofensiva franquista en Aragón, provocó en Francia la dimisión de Chautemps y la formación de un nuevo Gobierno presidido por León Blum, quien se planteó la posibilidad de intervenir militarmente en España.

Sin embargo, las informaciones de su Estado Mayor sobre la escasa capacidad del ejército francés para afrontar una guerra generalizada, así como las presiones británicas, limitaron la acción de Blum a la reapertura de la frontera pirenaica. El 16-IV, coincidiendo con la llegada del CTV al Mediterráneo, se firmó el pacto italo-británico que reconocía la anexión de Etiopía por Italia y la presencia de tropas de esta nacionalidad en España mientras durase el conflicto. El 12-V el Gobierno de Burgos logró el reconocimiento diplomático de Portugal y, cinco días después, el de la Santa Sede. El 12-VI el Gobierno francés, presidido por Dadalier, cerró de nuevo la frontera con Cataluña, pero la República aún pudo recibir las últimas remesas de armamento soviético, destinadas a su próxima y más importante ofensiva.

La Batalla de Levante

El 5-VII el Comité de No Intervención aprobó un plan de retirada de voluntarios, aceptado en Barcelona el día 26 de ese mes. Franco demoró su contestación, no definitiva además hasta el 15-08; trataba de ganar tiempo mientras recibía, a través de Portugal, cuantiosa ayuda militar procedente de Italia y Alemania. Unos y otros se preparaban para afrontar la última fase de la guerra, al mismo tiempo que el presidente Azaña, solicitaba "paz, piedad y perdón" y recordaba que "el exterminio del adversario es imposible; por muchos miles de uno y otro lado que se maten, siempre quedarán los suficientes de las dos tendencias para que se les plantee el problema de si es posible o no seguir viviendo juntos".

Dividido en dos partes el territorio republicano, el Estado Mayor de Franco podía elegir entre proseguir su avance hacia Valencia o hacia Cataluña. Razones no solo estratégicas o tácticas, sino también políticas, como el temor a una hipotética reacción francesa en caso de ataque sobre Cataluña, aconsejaron la elaboración de un ambicioso plan cuyo objetivo final era la conquista de Castellón de la Plana, Sagunto, (Valencia) y Valencia. Se encargarían de aplicarlo los Cuerpos de Ejército de Castilla (Varela) y Galicia (Aranda), así como la Agrupación divisionaria de García Valiño, unos 130.000 hombres apoyados por seiscientos cañones y cuatrocientos aviones.

Entre esas fuerzas se encontraba CTV (Berti), con 38 batallones de Infantería, dos batallones de carros, dos motorizados y 348 piezas de artillería. La ofensiva debía realizarse sobre un extenso frente, desde los Montes Universales hasta el Mediterráneo, defendido por cinco cuerpos de los ejércitos de Maniobra (Menéndez) y Levante (Hernández Saravia); en total casi 200.000 soldados, 200 piezas de artillería y 120 aviones. El 17-04-1938 el Cuerpo de Ejército de Galicia avanzó por la carretera de la costa, y, seis días después, Cuerpo de Ejército de Castilla comenzó el ataque contra el saliente republicano de Aliaga (Teruel), donde no alcanzó objetivos importantes hasta el 20-V.

Ese mismo día la Agrupación de García Valiño ocupó las poblaciones de Cantavieja. Iglesuela del Cid y Valdelinares (Teruel), reforzados sus efectivos con una división italiana y tras dieciséis días de lucha encarnizada con el XXII Cuerpo de Ejército republicano (Cristóbal Errandonea). La penetración de esta unidades hasta Lucena del Cid (Castellón) obligó al XXII Cuerpo de Ejército republicano a abandonar la línea costera de Alcossebre-Albocàsser y situarse en la más retrasada de Oropesa-Villafamés para proteger Castellón de la Plana.

Sin embargo, el 14 de VI las tropas de Aranda entraron en la ciudad, completamente ocupada tras desalojar a los últimos defensores de la 6ª División republicana. La denominada "batalla de Levante" comenzó el 23-VI cuando todas las unidades de la Agrupación de García Valiño asaltaron en masa las posiciones republicanas de Onda (Castellón), cuya conquista no pudieron culminar hasta cinco días después. Los contraataques republicanos paralizaron la ofensiva durante casi dos semanas hasta que, el 6-VII, los cuerpos de Ejército de Galicia y Castilla consiguieron tomar Nules (Castellón) en una acción conjunta.

Su avance, sin embargo, quedó de nuevo paralizado en la sierra d´Espadà y los sucesivos ataques frontales contra Segorbe fracasaron. En consecuencia el 13-VII once divisiones franquistas iniciaron una maniobra envolvente que, después de superar la defensa republicana entre Mora de Rubielos y Sarrión (Teruel), tenía como objetivo alcanzar Segorbe a través de Viver (Castellón). En esta última población se situaba la línea prevista por el Estado Mayor de la República para la defensa de Valencia, encomendada al Ejército de Levante y, especialmente a los experimentados cuerpos de Ejército XXII (Ibarrola) y XVI (Palacios).

Entre el 19 y el 23 de VII los insistentes asaltos masivos de la infantería franquista, apoyada por una concentración aérea de casi cuatrocientos aparatos, fueron rechazados en el sector de Viver, en un éxito defensivo sin precedentes desde la "batalla de Madrid" en 1936. Franco hubo de renunciar entonces al ataque frontal para intentar una operación de envolvimiento, que debería realizar al NO. del frente, en una zona cercana a Teruel, pero sus planes quedaron en suspenso cuando el Ejército Popular pasó a la ofensiva.

La Batalla del Ebro

Esta fue el resultado de motivaciones políticas y estratégicas: prolongar la resistencia de la República hasta la generalización del conflicto español, obtener un éxito propagandístico que elevara la moral combativa en la retaguardia, paralizar el avance franquista sobre Valencia, concentrar en una sola operación todos los efectivos humanos y materiales de Cataluña y, por último, permitir la reorganización de los ejércitos del Centro y del S.

El 25-VII el Ejército del Ebro republicano, al mando del teniente coronel de milicias Juan Modesto e integrado por los cuerpos de Ejército V (Líster), XII (Etelvino Vega) y XV (Tagüeña), cruzó el río Ebro con la colaboración de las divisiones 27, 43 y 60, además del 7ª Regimiento de Caballería, del Ejército del Este. Fracasada la conquista de Gandesa (Tarragona), el 1-08 Modesto ordenó pasar a la defensiva en todo el frente: quedaba una gran cabeza de puente y otra secundaria, entre Mequinenza y Fayón (Zaragoza), que la 42ª División hubo de abandonar el día 7 de ese mes con numerosas bajas. Entre el 10-08 y el 15-XI se sucedieron siete ofensivas, dirigidas personalmente por Franco, contra las posiciones republicanas fortificadas en las sierras de Pandols, Caballs, Vals de la Torre y la Fatarela, en el vértice Gaeta, la Venta de Camposines y Corbera (Tarragona)

Con las mayores concentraciones aéreas y artilleras conocidas entre las dos guerras mundiales, la magnitud de los combates y el número de bajas no tenían precedentes en la contienda española. Al igual que en otras ocasiones anteriores, Franco desarrolló una estrategia conservadora basada en el ataque frontal, el desgaste y la absoluta superioridad de medios disponibles. Sus reservas afluían libremente desde la retaguardia al Ebro y los cada vez más abundantes suministros alemanes e italianos llegaban sin problemas a los puertos españoles o portugueses. Cataluña, por el contrario, se encontraba aislada del resto del territorio republicano, con la frontera francesa cerrada y sometida a un amplio bloqueo naval, de manera que sus reservas humanas se agotaban con celeridad y su industria de guerra se revelaba insuficiente para cubrir las necesidades de la batalla.

La claudicación de Chamberlain y Dadalier ante las exigencias de Hitler respecto a Checoslovaquia, en el Pacto de Munich (Alemania, 30-09-1938), evidenciaba el empeño del Reino Unido y Francia en mantener la paz y su incapacidad para establecer una política de resistencia contra el fascismo. Para la República suponía la derrota definitiva de su causa internacional, la extinción de cualquier posibilidad de ayuda procedente de las potencias democráticas, interesadas en la más rápida liquidación del conflicto español. A partir de ese momento sus respectivas diplomacias iniciaron los trámites para el reconocimiento del régimen franquista, cuya victoria se consideraba segura, al mismo tiempo que el Gobierno republicano era marginado en los foros internacionales ante el surgimiento de cuestiones más acuciantes de la política europea.

El reparto territorial de una nación democrática como Checoslovaquia unida por un tratado de amistad con Francia, representaba para el gobierno de Negrín y los partidarios de la resistencia la pérdida de sus últimas esperanzas en la inminente declaración de un conflicto bélico en Europa, principal argumento de su política hasta el final de la guerra., En esta coyuntura internacional sorprendió el anuncio realizado por Negrín ante la Asamblea de la Sociedad de Naciones, el 21-09-1938, sobre su decisión unilateral de retirar inmediata y completamente "todos los combatientes no españoles que tomaban parte en la lucha de España del lado gubernamental". Además solicitó a la Sociedad de Naciones el establecimiento de una comisión encargada de supervisar la retirada de las Brigadas Internacionales que, el 28-X, desfilaron en Barcelona por última vez ante Azaña, Negrín, Martínez Barrio, Companys, Dolores Ibárruri, el general Rojo y Antonio Machado. En total abandonaron el territorio republicano 12.673 voluntarios, casi la mitad de ellos procedentes de unidades que todavía luchaban en el Ebro.

Con el objetivo de contrarrestar el objetivo de Negrín, Franco promulgó el 1-X un decreto por el que ordenaba el licenciamiento de todos los soldados italianos con más de dieciocho meses de servicio, lo que suponía la repatriación de unos diez mil hombres. En España quedaban más de cuarenta mil soldados y especialistas del CTV: durante el mes de noviembre sus divisiones, así como la Aviación Legionaria y la Legión Cóndor, recibieron importantes remesas procedentes de Italia y Alemania para afrontar la próxima y definitiva batalla de la guerra española.

La Batalla de Cataluña

El 23 de diciembre de 1938, los cuerpos de Ejército de Urgel (Muñoz Grandes), Aragón (Moscardó), Navarra (Solchaga), CTV (Gambara), Marroquí (Yagüe) y del Maestrazgo (García Valiño), con un total de casi trescientos mil soldados, un millar de piezas de artillería y unos quinientos aviones, avanzaron sobre Cataluña. Las tropas republicanas se encuadraban en el Grupo de Ejércitos de la Región Oriental (G.E.R.O.), al mando del general Hernández Saravia, formado por los ejércitos del Este (Perea) y del Ebro (Modesto). La situación en Cataluña era de extrema gravedad: bloqueada por tierra y mar, sometida a incesantes bombardeos aéreos, con más de un millón de refugiados y con sus reservas humanas y económicas agotadas en la Batalla del Ebro. El armamento comprado en la URSS por Hidalgo de Cisneros estaba retenido en la frontera francesa y la esperada ofensiva republicana, a cargo de los ejércitos del Centro y del Sur, no se producía.

Cuando se inició en Extremadura, el 5-01-1939, resultaba demasiado tarde para ayudar a Cataluña. El 15-I se rindió Tarragona y, un día después, Álvarez del Vayo afirmaba ante el Consejo de la Sociedad de Naciones: "Llegará un día en que se acuerden de nuestras advertencias y en que se den cuenta de que España era el primer campo de batalla de la segunda guerra mundial que se aproxima inevitablemente". El día 23 los organismos oficiales abandonaron Barcelona, confundidos entre las columnas formadas por miles de civiles y militares que se encaminaban hacia la frontera. Los frentes habían desaparecido, las tropas republicanas carecían de fusiles, contaban con escasa artillería y ninguna cobertura aérea, y solo la resistencia escalonada de algunas unidades –como los XII y V cuerpos de Ejército– ganaba tiempo para la retirada en retaguardia.

El 1-II las Cortes de la República celebraron en el castillo de Figueras (Gerona) su última reunión antes de marchar al exilio, a la cual asistieron 64 diputados. Ante ellos Negrín expuso sus gestiones con los embajadores de Francia y Reino Unido para alcanzar una paz sin represalias, que fracasaron como antes sus propias iniciativas, o las ajenas al Gobierno de Azaña y Besteiro, para concertar con los sublevados una suspensión de las hostilidades. Franco, sin embargo, solo aceptaba una rendición sin condiciones.

El 4-II Gerona se rendía sin resistencia y, el día 5, Azaña cruzó la frontera acompañado por su esposa, también Martínez Barrio y Giral, seguidos horas después por Companys y Aguirre. En la madrugada del 8-II el general Rojo firmaba la directiva para el repliegue de las unidades sobre los pasos fronterizos y, al día siguiente, iniciaban su entrada en Francia. Negrín y Álvarez Bayo tomaron en Toulouse (Francia) un avión para dirigirse a Alicante y, unos días después se reunieron en Valencia con los restantes ministros del gabinete excepto Giral, quien permanecía junto a Azaña en París. El V y XV cuerpos de Ejército pasaron la frontera a través de Portbou, el X08 por La Junquera, la 46ª División por Le Perthus, la 2ª por la Bajol y el XI cuerpo de Ejército por Puigcerdà, el 13-02-1939.

Últimos días de la guerra

La soberanía de la República quedaba reducida a la llamada "Zona Centro-Sur", con Madrid y Valencia como capitales más importantes, perdidos también los últimos territorios insulares tras la rendición de Menorca el 7-I. El aparato de Estado, concentrado en Cataluña, había desaparecido y resultaba extremadamente difícil la transmisión de decisiones y, más aún, el control de su ejecución. Después de nueve meses de aislamiento y también como consecuencia del decreto gubernamental el 19-01-1939, en virtud del cual se declaraba el estado de guerra en todo el territorio republicano, los militares ejercían el poder en Madrid.

En la ciudad, el Frente Popular estaba dividido y el coronel Segismundo Casado, jefe del Ejército del Centro, mantenía contactos con los agentes británicos y los servicios secretos de Franco. Las tropas conservaban un elevado espíritu combativo, pero la población civil comenzaba a ceder al desaliento tras dos años y medio de asedio. A mediados de febrero, Negrín reunió en el aeródromo de los Llanos (Albacete) a todos los altos mando militares: al general Miaja, jefe del Grupo de Ejércitos, y a su jefe de Estado Mayor, general Matallana; a los jefes de los Ejércitos Centro (coronel Casado), Levante (general Menéndez), Andalucía (coronel Moriones) y Extremadura (coronel Escobar); al contraalmirante Buiza, jefe de la Flota; al general Bernal, jefe de la base naval de Cartagena, y al teniente coronel Camacho, jefe de la Aviación.

Casi todos ellos se mostraron partidarios de no continuar la guerra, pero Negrín destacó la necesidad de resistir para alcanzar una paz con garantías, que de hecho se reducían a una sola: que no hubiera represalias. Una mediación internacional entre ambos bandos constituía el objetivo central de sus gestiones directas con los representantes del Reino Unido y Francia, así como de las negociaciones de Pablo de Azcárate y Marcelino Pascua en Londres y París, respectivamente.

Sin embargo, la política exterior republicana encontraba bloqueadas todas sus opciones frente a la decidida actitud de las potencias democráticas europeas respecto al problema español. Francia admitió la entrada de tropas republicanas en su territorio, siempre que llevasen a sus jefes y entregaran el armamento en la frontera, para confinarlas en campos de internamiento, lo que suponía la pérdida completa de las últimas unidades del Ejército de Cataluña. El 25-II el senador francés León Bérard y el ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno de Burgos, Gómez-Jordana, firmaron un acuerdo en virtud del cual Francia cedía a este último el oro depositado por la República al iniciarse la contienda y todo el armamento requisado a las tropas republicanas al atravesar la frontera.

Dos días después Francia y el Reino Unido reconocieron oficialmente al régimen de Franco, al mismo tiempo que Azaña enviaba una carta con su dimisión al presidente de las Cortes Martínez Barrio, quien pasó a ocupar de manera interina la Presidencia de la República. La entrada de las divisiones alemanas en Praga (Checoslovaquia), el 15-III, confirmaba la definitiva victoria del franquismo en el ámbito internacional.

Para entonces la conspiración del coronel Casado se encontraba muy avanzada, tanto en las negociaciones con los opositores al Gobierno de Negrín, especialmente con el dirigente socialista Julián Besteiro, como en los contactos mantenidos con el enemigo a través del Servicio de Información y Policía Militar (SIPM), que dirigía el teniente coronel José Ungría. En la base naval de Cartagena, donde los partidarios de Casado y algunos oficiales relacionados con el mando franquista coincidían en sus objetivos, la insubordinación se impuso y, el 5-III, la flota abandonó el puerto rumbo a Bizerta (Túnez). La República no solo perdía casi la totalidad de sus barcos de guerra, sino también toda posibilidad de realizar con ellos un repliegue organizado que ofreciera cobertura a la expatriación de millares de combatientes, civiles y dirigentes políticos que huían hacia los puertos levantinos.

Franco dispuso un desembarco en Cartagena para ayudar al general retirado Barrionuevo, quien, con ayuda de falangistas de la zona y algunos oficiales pro franquistas, se había apoderado de la ciudad tras la marcha de la flota. La operación quedó suspendida cuando se supo que la 206ª Brigada Mixta había reconquistado la base, pero entraron en ella dos barcos del convoy que no recibieron las contraordenes: el Castillo de Olite fue alcanzado por una batería de costa y 1.223 hombres de su tripulación perecieron. Mientras tanto Negrín reunía al gobierno en Elda (Alicante), en la militarmente denominada "posición Yuste", y el recién ascendido general Casado ultimaba sus planes en la Alameda de Osuna o "posición Jaca", en Madrid. Esa misma tarde Besteiro anunció por radio la formación de un Consejo Nacional de Defensa que asumía la legalidad republicana. Lo integraban Miaja (Presidencia), Casado (Defensa), Wenceslao Carrillo (Gobernación), San Andrés (Justicia), González Marín (Economía y Hacienda), Val (Propaganda), Del Río (Instrucción Pública) y Antonio Pérez (Trabajo), además del propio Besteiro en la cartera de Estado.

Fracasadas las conversaciones telefónicas entre los distintos miembros de Gobierno y del Consejo, el día 6-III Negrín y todos los ministros de su gabinete –a excepción de Uribe– abandonaron España a bordo de dos aviones Douglas desde el aeródromo de Monóvar (Alicante). Durante las horas siguientes despegaron desde el mismo sitio los aviones que trasladaban a la ejecutiva política y militar del PCE: Dolores Ibárruri, Delicado, Moix, Líster, Modesto, Tagüeña, Fusimaña, Soliva, Mateo Merino, Melchor, Ángel Álvarez, Benigno Rodríguez, Irene Falcón, Rafael Alberti, María Teresa de León y el diputado francés Jean Cattelas. En Valencia el general Menéndez, partidario de Casado, estableció un acuerdo con los comunistas, pero en Madrid éstos se opusieron al Consejo desconocedores de lo que ocurría en el resto del país.

Los combates desarrollados en las calles de la capital entre la unidades republicanas bajo la dirección del PCE y las controladas por Casado, especialmente las tropas de Cipriano Mera, provocaron casi dos mil muertos. Los comunistas asesinaron a tres coroneles de Estado Mayor y Casado mandó fusilar al coronel Barceló y a José Conesa, comisario de la VII División, al día siguiente de que ambos se reintegraran a sus puestos tras la entrada en vigor de una tregua el 12-III. Asimismo ordenó la detención del coronel Ascanio y de Eugenio Mesón, secretario de las JSU, entregados luego al mando franquista, que los fusiló dos años después. Ejerciendo la represión sobre el PCE Casado pensaba ganarse la confianza de Franco, quien también había justificado su golpe de Estado con la idea de que este prevenía una supuesta e inminente acción semejante de los comunistas. Una vez restablecida la calma en Madrid, el Consejo Nacional de Defensa se centró en su declarado objetivo fundacional: la consecución de una paz honrosa.

La política del Gobierno de Burgos al respecto, sin embargo, había quedado plenamente definida mediante la Ley de Responsabilidades Políticas del 9-02-1939, publicada en el Boletín Oficial el día 13. En virtud de esta se estipulaba como delito toda responsabilidad política no derechista anterior al 18-07-1936 y, desde entonces, cualquier acto de oposición activo o pasivo al denominado "Movimiento Nacional". La ambigüedad del texto legal y su carácter ampliamente retroactivo hacían posible el ejercicio de una represión indiscriminada, sistemática y generalizada ajena a las más elementales normas jurídicas.

En consecuencia resultaban coherentes con esta política las reiteradas negativas de Franco a entablar negociaciones formales con el Consejo, los altos mando militares o los representantes políticos de la República. Como explicaba un telegrama remitido desde Burgos: "Rendición incondicional incompatible con negociación y presencia en Zona Nacional de mandos superiores enemigos". Al final Casado capituló y, el 22-III, el coronel Centaño –uno de los principales agentes de (SIPM) franquista– pudo enviar a sus superiores el siguiente mensaje: "Consejo acepta rendición sin condiciones, generosidad del Caudillo y acucia al Servicio para abreviar plazos". Franco rechazó, asimismo, cualquier clase de pacto que supusiera una entrega escalonada de las diferentes unidades del Ejército Popular e, incluso, la posibilidad de consignar por escrito las condiciones de la capitulación, aunque estas fueran unilaterales.

Se trataba de provocar un derrumbamiento generalizado de las líneas defensivas republicanas para simular "una ofensiva victoriosa en todos los frentes", cuyo inicio estaba previsto para la madrugada del 26-III. Efectivamente ese día los Ejércitos franquistas avanzaron desde los sectores de Toledo y Pozoblanco (Córdoba) sin encontrar resistencia y, en la mañana del 28-III, en la Ciudad Universitaria de Madrid, el coronel Prada realizó un acto simbólico de rendir la plaza. En las Normas para la rendición del Ejército enemigo y ocupación de su territorio, impuestas por el alto mando franquista, se exigía además la entrega inmediata de los puertos de Valencia, Cartagena, Alicante y Almería, con la única finalidad de impedir la huida de millares de republicanos que marchaban hacia ellos formando largas columnas en las carreteras.

En el puerto de Alicante, al que debían acudir los barcos fletados en Francia y Reino Unido por el Comité de Coordinación y Ayuda a la España Republicana, se reunieron más de quince mil personas. Entre ellas había jefes militares y combatientes, dirigentes y militantes de todos los partidos y organizaciones del Frente Popular, personalidades destacadas y civiles comprometidos de una forma u otra con la II República, acompañados en muchos casos por sus familias. Solo algunos, seleccionados por la Junta de Evaluación del Puerto pudieron embarcar: en el último momento las flotas británica y francesa negaron la protección militar prometida a los transportes del Comité internacional de Coordinación.

En la mañana del 30-III el crucero Canarias y el minador Vulcano enfilaron la bocana del puerto alicantino, al que llegaron las tropas italianas de la División Littorio esa misma tarde. Todavía hubo un intento de mediación entre la Junta de Evacuación y el jefe de las fuerzas italianas, general Gambara, suspendido un día después cuando este último recibió un despacho del general Saliquet en el que se ordenaba "que se les reduzca por la fuerza de las armas". Al atardecer, la muchedumbre comenzó a rendirse, aunque numerosos oficiales del Ejército Popular y dirigentes políticos optaron por el suicidio. En la mañana siguiente las tropas que se habían sublevado casi tras años antes ocupaban el último territorio español bajo soberanía republicana, mientras los vencidos eran conducidos a improvisados campos de concentración. El 1-04-1939 el general Franco escribía de su puño y letra el último parte de la guerra civil: "En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.". A miles de personas les esperaba el hambre, la marginación, el exilio, la cárcel o la muerte.

VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo X págs. 4913-4934.