3ª Guerra-Francia s.XVII

Índice

Invasión de Cataluña 1689-1697
Tratado de Ryswick 1697

La Guerra

Comprendiendo las potencias europeas que había llegado el momento de terminar con el poderío creciente de Luis XIV, se unieron en la Liga de Augsburgo (1686) que firmaron España, el Imperio, Holanda y Suecia. Dos años más tarde se unió el papa Inocencio XI (1688) y, elevado Guillermo de Orange al trono inglés al ser depuesto Jacobo II (Estuardo), se unió Inglaterra a la Liga.

Plano del Sitio de BarcelonaPlano del Sitio de Barcelona: Con el mapa de la costa del Mar desde el cabo de Cerbère hasta las proximidades del Llobregat. 1698

Las hostilidades comenzaron en 1689 y duraron hasta 1697 (paz de Ryswick), extendiéndose la lucha a Flandes, Italia y España. El duque de Noailles invadió Cataluña y conquistó Camprodón, que es inmediatamente reconquistada por los somatenes y tropas reales. La guerra, en general fue siempre favorable a los franceses y los reveses se sucedieron por nuestra parte, a pesar de que el inepto virrey duque de Villahermosa fue sustituido por el de Medinasidonia. Perdíamos sucesivamente San Juan de las Abadesas (1690), Ripoll (1690) у Urgel (1691) Un аñо más tarde la flota francesa bombardeaba Barcelona y Alicante. En 1693 caía Rosas y se sustituía a Medinasidonia por el duque de Escalona, que no pudo evitar que nuestras tropas fueran aplastadas a orillas del Ter en mayo de 1694, lo que provocó la sucesiva caída de Palamós, Gerona (29 de junio), Corbera, Castellfollit y Hostalrich, aunque estas dos últimas fueran recuperadas al poco tiempo.

Nombrado en 1696 el duque de Vendôme nuevo general en jefe de las tropas francesas, hacía huir vergonzosamente a nuestro ejército en la acción del río Tordera. Barcelona fue sitiada, y el 10 de agosto de 1697 caía la capital del Principado, entregada por el débil conde de la Corzana. Poco tiempo después se rendía Vich, pero cansados ambos contendientes de tan continuada e inútil o lucha, acabaron por firmar la paz de Ryswick. Luis XIV, deseoso de atraerse el favor popular y que Carlos II favoreciera en su testamento a su nieto Felipe de Anjou, devolvió las numerosas conquistas hechas en Cataluña y Flandes, retirándose las tropas francesas del Principado sin más contratiempos.

ALONSO-CASTRILLO, Álvaro, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E, pág. 791.

Tratado de Ryswick

Después de varios años de lucha entre Luis XIV y el grupo de potencias de la Liga de Augsburgo, nació en ambos campos beligerantes un deseo de paz. La amenaza a Barcelona por los franceses (1697) desalentó a la España de Carlos II, que formaba parte de esta liga. Luis XIV, deseoso de tener un embajador en Madrid, para obtener del monarca español un testamento sucesorio favorable a su nieto Felipe (futuro Felipe V), necesitaba la paz con España y estaba dispuesto a otorgar condiciones generosas a todos sus enemigos.

Las potencias marítimas (Inglaterra, Holanda) habían aprovechado ya esta buena disposición de Francia, iniciando negociaciones con el rey francés. España siguió la trayectoria de estas potencias, y el emperador Leopoldo I, ante el temor de quedar aislado, hubo de avenirse también a negociar. Se inició la apertura del Congreso de Paz el 9 de mayo de 1697 en Ryswick (castillo de Nieuwburg, al sur de La Haya). Representaban a España Bernaldo de Quirós y Tirimont; al emperador de conde Kaunitz, Stratmann, el barón Seilern y el conde Auersperg; a Inglaterra el conde Pembroke, lord Williers y Williamson, a Holanda: Weede, Van Dijkveld, Borel, Haaren; y a Luis XIV, Harley, Verjus, Crécy y Caullieres.

España exigía volver al estado de cosas nacido de la paz de Westfalia; el emperador quería retroceder más: necesitaba que la paz no fuera un hecho para defender en Madrid la sucesión de su hijo el archiduque Carlos al trono español, sin la competencia de un embajador francés. El rey inglés y Estatúder de Holanda Guillermo III de Orange se conformaba con una vuelta a la situación de Nimega.

La caída de Barcelona inclinó, sin embargo, a España a llegar rápidamente a un fin, uniéndose a la actitud conciliadora de las potencias marítimas. Estas y España firmaron la paz con el monarca francés antes que el imperio (21 de septiembre). El emperador y los príncipes alemanes, aislados, hubieron de firmar también (29 de octubre) antes de expirar el plazo concedido por Luis XIV (1 de noviembre).

El rey francés devolvió a España todas sus conquistas del sur de los Pirineos (Barcelona y territorios Catalanes y en los Países Bajos, Mons, Ath y Courtrai; al imperio, Friburgo, Brisach, Philipsburg , Kehl, a cambio de la conservación de Estrasburgo. Restableció al duque de Lorena en sus Estados y reconoció a Guillermo III como rey de Inglaterra. Era, en general, una vuelta al estado de cosas anterior a las anexiones, y se aproximaba a la paz de Nimega, pues Luis XIV compensaba a sus enemigos en los contados casos en que mantenía a una conquista posterior.

Esta renuncia casi total a las adquisiciones hechas en la última guerra y en los años que de cerca la precedieron se explica por la preocupación del rey francés por encontrar el ambiente diplomático necesario para sus planes respecto a la Sucesión española.

CORRAL CASTANEDO, Alfonso, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo N-Z, pág. 42.