Batalla de Luzzara1702

Datos históricos

Fecha: 15-VIII-1702
Localización: Luzzara
Bando 1 España y Francia
Bando 2 Austria

Desarrollo de la contienda

En 1702 el príncipe Eugenio de Saboya había llegado a Italia con el intento de apoderarse de la plaza de Cremona, lo que no consiguió. Felipe V se puso al frente del ejército español en aquellos territorios, logrando levantar el bloqueo que sufría Mantua, y se propuso ocupar Luzzara, la base de las operaciones y depósito de municiones de su contrario.

El ejército hispano francés, fuerte, de 50.000 hombres, aunque tenía a su frente al monarca español, estaba de hecho mandado por Vendôme. Otro núcleo de 30.000 hombres estaba a las órdenes del príncipe de Vaudémont. Eugenio de Saboya, conocedor del plan de sus contrarios, aun contando con un ejército menor —30.000 hombres—, pretendió oponerse al intento antes de que se viese reducido a la impotencia por la unión de los dos núcleos que amenazaban sus flancos, y cuya superioridad manifiesta le obligaría a un combate incierto, o a retirarse al Estado de Mantua.

Con este propósito rompió la marcha el austriaco en la noche del 14 de agosto, organizando sus tropas en un orden preparatorio de combate y, antes de clarear el nuevo día, se enfrentaron con la vanguardia de las fuerzas borbónicas. Libradas algunas escaramuzas y pasado el mediodía, el príncipe Eugenio lanzó resueltamente el centro de su línea de ataque contra el ejército franco español, estrechándose las distancias entre ambos contendientes, que llegaron al cuerpo a cuerpo.

Aunque nuestra caballería era superior a la contraria, no pudo maniobrar por desarrollarse la acción en un estrecho camino cubierto de bosque, y, moviéndose en un terreno tan accidentado, era imposible lograr ventajas en el comienzo de la pelea. Las briosas acometidas de la infantería imperial desordenaron un tanto nuestras filas, muriendo al frente de sus soldados el francés mariscal de Crequi.

Felipe V, al observar que el curso de la batalla no le era muy favorable, recorrió las filas con grave peligro de perder la vida, inflamando con su presencia los ánimos de sus subordinados. Este rasgo del soberano logró, por el momento, contener el desorden que se avecinaba entre las tropas, y en cuya empresa fue secundado por los jefes y oficiales de las unidades combatientes, que, dando una prueba de entusiasmo, cooperaron a restablecer la acción, logrando que nuestra caballería en varias reacciones ofensivas contuviese las masas que avanzaban con resolución para romper nuestra línea.

La lucha se restableció en condiciones más favorables para nosotros, pero los contrarios se mantenían firmes en el terreno conquistado y, aunque en algunos momentos pausadamente cedían en varios puntos, se peleaba al arma blanca con verdadero furor, Después de esfuerzos inauditos, los soldados de Felipe V consiguieron recobrar todo lo perdido, pero no lograron abatir a las tropas alemanas. La admirable pericia de su jefe, el archiduque, supo evitar una derrota a sus fuerzas, que, maniobrando con habilidad suma, se hicieron respetar sin abandonar el campo. Los contendientes permanecieron inactivos al siguiente día, firmes en sus posiciones, concertándose tan solo una tregua para enterrar los muertos.

La victoria de Luzzara se la atribuyeron los dos bandos, pero, en realidad, fue Felipe V quien la consiguió, por haber sido aquel punto su objetivo primordial, y que fue tomado sin oposición. Dos días después el soberano español se separaba de sus tropas, regresando a Milán.

YAQUE LAUREL, José Antonio, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo F-M, págs. 15-16.