La Guerra de Granada

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La Guerra 1483-1492
Toma de Granada 1492

La Guerra

Es el final de la Reconquista, pero tiene un carácter completamente distinto al de las que guerras anteriores contra los musulmanes. Para los Reyes Católicos la conquista de Granada es, tanto como una guerra contra los enemigos de su fe, el complemento necesario de la unidad española. De ahí que desde el primer momento Fernando V pensase en emprenderla exigiendo tributo al sultán Muley Abul Hasán, tributo que, naturalmente, fue negado, creándose así una situación que necesariamente provocaría la ruptura de hostilidades. La guerra se desarrolla en cuatro partes: 1ª, hasta la prisión de Boabdil, en Loja (1483); 2ª, hasta la rendición de Málaga (1487); 3ª, hasta la rendición del Zagal (1489), y 4ª, el cerco de Granada (1492).

Comenzaron el ataque los musulmanes apoderándose de Zahara por sorpresa (1481). Movía al sultán el deseo de ganar popularidad. El efecto fue contrario, pues el marqués de Cádiz replicó a este golpe con la toma de Alhama (1482). Atacada por Muley Abul Hasán esta última plaza, resistió con denuedo. Un hálito de entusiasmo recorría las filas cristianas. Dos encarnizados enemigos como el marqués de Cádiz y el duque de Medinasidonia se reconciliaron ante los muros de Alhama. Al mismo tiempo, Fernando el Católico acude al frente, y comienza operaciones en gran escala. Las circunstancias le favorecieron.

Mientras que una escuadra vigilaba el estrecho para impedir a los granadinos recibir socorros de África, estallaba una guerra civil en la propia capital del reino moro. Muley Abul Hasán tenía como favorita a Zooraya, una antigua cristiana. Ello le gano el odio de su esposa Aixa y de sus dos hijos, Yusuf y Abdallah. El viejo sultán hizo asesinar al primero de estos, pero el segundo, a quien los cristianos llamaban Boabdil, pudo salvarse, al amparo de los clanes abencerrajes.

Cuando Abul Hasán intentó por tercera vez el ataque a Alhama, Boabdil aprovechó el momento para instalarse en Granada. Abul Hasán hubo de buscar refugio en Málaga, al lado de su hermano Abdallah b. Saad, el Zagal. La guerra comenzó con violencia ambos frentes. Al principio, la fortuna fue desfavorable a los cristianos. Fernando el Católico intentó un ataque sobre Loja, y cayó en emboscada y sufrió una terrible derrota a manos de Ali Atar (1482). Sin embargo, don Fernando pudo introducir refuerzos en Alhama y salvó a la disputada ciudad de un nuevo ataque.

Aquel invierno fue el peor de la guerra para los cristianos. El maestre de Santiago, don Alonso de Cárdenas, sufrió un desastre en la Ajarquía, que costó muchas vidas (1483). Por fortuna, un mes más tarde Boabdil, deseoso de emular las hazañas de su padre, puso cerco a Lucena y allí sufrió por su parte un revés, en el curso del cual fue hecho prisionero. Lucena es la hora del cambio de la guerra. Boabdil concertó con Fernando el Católico un pacto por el que permitía a los castellanos libre paso por su reino para atacar a Abul Hasán. Cuando aquel regresó a Granada, se encontró con que su padre se había apoderado de la Alhambra, quedando reducidos los partidarios de Boabdil al Albaicín.

Granada se ve ensangrentada por una guerra civil, de la que se benefician los cristianos y que termina con una tregua que es un nuevo reparto del reino moro. Abul Hasán comienza a comprender su derrota. Una salvaje razzia dirigida por Hamet el Zegrí fue detenida en las márgenes del Lopera. En septiembre de 1483 el marqués de Cádiz reconquistó Zahara. Los años de 1484 y 1485 se combatió de tal modo que no cesaron las operaciones ni aún en invierno; cayeron en manos de Fernando V Alora, Setenil, Benamejí, Coín, Cártama y, especialmente, Ronda,que hizo bastante resistencia.

El plan del monarca castellano se vio modificado por los acontecimientos de Granada. Abu Abdallah, el Zagal, ocupó Almería obligando a Boabdil a refugiarse en Córdoba, al lado de los cristianos. Abul Hasán abdicó en su hermano y este unificó por un instante el reino, iniciando una corta contraofensiva que tuvo su culminación en la batalla de Moclín (1485). Fernando el Católico proporcionó un ejército a Boabdil, con el cual este invadió Granada e impuso a su tío el Zagal un acuerdo de reparto semejante al concer tado con su padre unos años antes. Libre por este lado Fernando, impulsa las operaciones en la Ajarquía.

En 1486 Fernando dio un paso decisivo. Invocando la violación del pacto de Córdoba por Boabdil al concertar este el tratado de reparto, atacó Loja. La ciudad cayó y el propio Boabdil fue en ella hecho prisionero (1486). Firmó el tercer acuerdo con Castilla Y se comprometió a renunciar al reino ya hacer la guerra el Zagal.

Nuevamente estalló la guerra civil en Granada. La ocasión en magnífica. Fernando, que previamente había conquistado Moclín y Vélez Málaga, emprendió, en 1487, el cerco de la gran ciudad de Málaga. Fue una verdadera epopeya la que escribieron los sitiados a quienes mandaba Hamet el Zegri. Cuando en agosto del año citado los reyes entraron en la ciudad, pudo decirse que la guerra estaba decidida.

Faltaba acabar con los dos últimos núcleos de resistencia. En Oriente, dominio del Zagal, los reyes entraron en relación con Yahya Alnayar, uno de los principales personajes de la corte de aquel sultán. Este negoció la rendición. Así la campaña de 1489 apenas si conoció combates. Los reyes entraron en Baza y concertaron un acuerdo por el cual el Zagal entregó Guadix y Almería a cambio de pequeñas posesiones.

En Granada se habían refugiado los más exaltados entre los moros. Aun cuando Boabdil hubiese querido entregar la ciudad, según había prometido en Córdoba y conforme a lo que los reyes exigían, le habría sido imposible. Comenzó, pues, el cerco sostenido durante dos campañas, por ambas partes, con inquebrantable tenacidad. Finalmente, el 25 de noviembre de 1491 Boabdil concertó la rendición. El 6 de enero de 1492 los Reyes Católicos entraron en Granada.

Toma de Granada 1492

Es el último episodio de la Reconquista. En 1490 tan solo la ciudad se mantenía libre. En virtud de los acuerdos de Córdoba, Fernando el Católico exigió de Boabdil la rendición. Este se negó alegando la imposibilidad de entregar a todos los recalcitrantes que en la ciudad se habían acogido. En abril de 1490 comenzó el asedio. El Zagal y Yahya Alnayar ayudaron a los castellanos.

Durante todo el invierno se sucedieron hazañas caballerescas entre las que acaso la más importante sea la del «Ave María». En abril de 1491 comenzó el verdadero cerco. Granada fue aislada de las Alpujarras y privada de víveres. Desde el primer momento hubo negociaciones entre los dos campos, llevadas por Hernando de Zafra y Abul Casim el Muley.

Un día el campamento cristiano se incendió. En su lugar los reyes levantaron una verdadera ciudad, a la que pusieron el nombre de Santa Fe. Era demostrar la inconmovible voluntad de permanecer allí. Entonces cundió el desaliento entre los moros. El mexuar de Granada autorizó la capitulación y esta se firmó el 25 de noviembre. Las condiciones eran extraordinariamente suaves, pero gran parte no fueron cumplidas. La ciudad se rindió el 2 de enero de 1492 v los reves entraron en ella el día 6.

SUÁREZ FERNÁNDEZ, Luis, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo F-M, págs. 242-243.