Cristóbal Colón

Datos biográficos

Descubridor de América: 1492
Nacimiento: 1451
Fallecimiento: 1506

Índice

Su patria
Fecha de su nacimiento
Su vida. Primeros años
Origen de su proyecto
Ideas geográficas de Colón
Repulsa a Colón en Portugal
Llegada a España
Los últimos días
La persona y la obra
Los Viajes de Colón

Su patria

[Génova-Valladolid]. La vida del descubridor de América está henchida de problemas, debidos en parte a las ocultaciones o tergiversaciones de él mismo y de su primer biógrafo, su hijo Fernando Colón, que, para disimular su origen plebeyo dejó en la oscuridad su patria y familia. El primer grupo lo forman la cuestión de su lugar y fecha de nacimiento y familia.

Para todos sus coetáneos. Colón fue indudablemente genovés, o italiano al menos; él, en sus documentos subsistentes, se considera extranjero y muestra predilección por los italianos y, concretamente, por Génova; sin embargo, el único documento en que declara paladinamente ser genovés es la institución de mayorazgo de 22 de febrero de 1498; pero ha suscitado dudas su autenticidad total o parcial por conocerse solo en copias —utilizadas durante los pleitos colombinos— y ofrecer ciertas dificultades internas; los enemigos de la oriundez genovesa han recusado este documento y se ha supuesto falsificación hecha a raíz de los pleitos; la confirmación real del mismo, en Simancas, está incompleta, por lo que no puede comprobarse la identidad del texto; pero solventes historiadores admiten su validez.

Colón.Cristóbal Colón Congreso EE.UU.

Diversos documentos, conocidos algunos de antiguo, y en especial la masa recopilada a raíz del IV centenario del descubrimiento de América en la Raccolta colombiana, 14 Vol. 1892-96, precedida por la crítica de Harrisse, han hecho luz sobre su origen genovés y su familia, presentando una serie de testimonios que, aun no siendo numerosos, ofrecen un enlace íntimo, coherente y lógico entre sí y con hechos conocidos por otras fuentes, condición que falta completamente a las hipótesis o pruebas aducidas en favor de las teorías no genovesistas. Fernando Colón aludió a varias ciudades, sin concretar ninguna, vacilación compartida por Oviedo y Las Casas, aunque este dentro solo de Liguria, y así se sostuvieron por diversos autores —incluso los cronistas del siglo XVI— las tesis de Piacenza, Cogoleto, Cuccaro y Savona (la última afirmada ya en documentos del siglo XVI, como el expediente de ingreso de un nieto de Colón en la Orden de Santiago).

En tiempos recientes han surgido en abundancia las tesis que intentan buscar en otros países la patria de Colón, adoleciendo todas de falta de base o de exceso de fantasía o de exageradas sutilezas o de componerse de complejas hipótesis de múltiple grado, sin que ofrezcan la verosimilitud y suficiente certeza histórica de la documentación genovesa; aparte de algunas menos importantes, como las del Colón corso, extremeño, portugués o griego, las más ruidosas han sido las de la patria gallega, defendida por Celso García de la Riega y rechazada por un informe oficial de la Real Academia de la Historia (1928) por haberse manipulado los documentos, y la catalana de Luis de Ulloa y R. Carreras Valls, de excesiva interferencia de hipótesis y sin aceptable comprobación de los documentos notariales genoveses Luis de Ulloa, Christophe Colomb catalán, París, 1927.

Algunas de estas teorías —como la extremeña y la gallega— se enlazan con otra hipótesis, la del supuesto judaísmo de Colón, sostenida, entre otros, por Madariaga y carente de base científica. En la imposibilidad de entrar en tan enmarañadas cuestiones, solo queda decir que los más competentes y serios historiadores de Colón han defendido exclusivamente la nacionalidad genovesa.

Fernando Colón trató de hacer creer que su padre era de estirpe noble y de familia de marinos, en la que se habían dado otros almirantes, suposición muy explorada en los pleitos, y que poseía amplia cultura por haber estudiado en la Universidad de Pavía. Pero en el siglo XVI, escritores genoveses (Antonio Gallo, en 1506; el obispo Agustín Giustiniani, en 1516) habían impreso que Colón era plebeyo y de familia trabajadora, lo que confirmaron los documentos de la Raccolta. Su nombre italiano era Colombo (que al principio de su estancia en España se transcribió Colomo y Colom, una de las bases de la teoría catalana).

En el siglo XIV, una rama de los Colombo se estableció en Mecconesi cerca de Terrarossa (Terra Rubra fue apellido usado también por los Colón); en 1429 aparece el abuelo de Colón, Juan Colombo, residente en Quinto, colocando de aprendiz de tejedor de paños en Génova a su hijo Domenico, de once años de edad; una serie de documentos muestran a Domenico como maestro tejedor, adquirente de fincas, guardián de la puerta dell´Olivella, quesero y tabernero en ocasiones, residente en Génova, en Quinto, en Savona hombre sumamente inquieto, emprendedor, negociante, aunque poco afortunado económicamente (si se refieren al mismo personaje todos los documentos, lo que he ha puesto en duda); el último documento a él referente es de 1494.

Hacia 1445 se casó con Susana Fontanarossa, hija de otro tejedor de la comarca de la que tuvo cinco hijos; Cristoforo, Giovanni-Pellegrino, Bartolomeo, Giacomo y Bianchinetta, citados a menudo en la referida documentación: de ellos coinciden con Cristobal y sus hermanos Bartolomé y Diego (Oviedo, en el siglo XVI, sabía que el padre de Colón se llamaba Domingo). Era, pues, familia de artesanos, así como sus parientes Antonio, hermano de Domenico, y sus hijos.

Fecha de su nacimiento

Ha estado en duda mucho tiempo por los datos contradictorios suministrados por el mismo o por el cronista Andrés Bernáldez, colocándose en 1436, 1439, de 1445 a 1448, 1456 y 1458. El año exacto ha podido fijarse por un documento del 31 de octubre de 1470, en que Cristoforo Colombo se declara mayor de diecinueve años (y menor de edad; mayoría a los veinticinco), y por otro de 25 de agosto de 1479 —documento Assereto, descubierto después de los de la Raccolta y publicado en 1904, puesto en duda y aun recusado, pero generalmente admitido hoy— en el que declara tener veintisiete años o cerca.

Se admite, por tanto, que nació entre el 25 de agosto y el 31 de octubre de 1451.

Su vida. Primeros años

De su adolescencia en Génova quedan seis documentos en que se le cita con su padre entre 1470 y 1473, apareciendo en 1472 en Savona y llamándosele en uno lanero o tejedor. Sin embargo, se cree que ya navegaba antes, como grumete o en viajes comerciales, pues, según su hijo, empezó a hacerlo desde los catorce años, aunque él mismo afirma en 1492 que hacía veintitrés, es decir, desde 1469; probablemente no como marino, sino como agente de casas comerciales genovesas.

Sin embargo, Fernando Colón cita un episodio militar de su padre ocurrido en 1472, consistente en haberle enviado el rey Renato de Anjou (ex soberano de Nápoles) de Marsella a Túnez a capturar una galera aragonesa o napolitana de las que bloqueaban Barcelona, sitiada por Juan II; y en haber engañado a la temerosa tripulación, llevándola en una noche de Cerdeña a su objetivo. Muchos historiadores han rechazado el hecho como invención de la obra de Fernando y por ser incompatible tal jefatura, confianza regia y habilidad náutica con titularse Colón lanero en tal fecha; otros, hacen esfuerzos por compaginar tales extremos, entre ellos los partidarios del Colón catalán, en quien ven a un antiguo noble enemigo de Juan II de Aragón.

En 1474 ó 75 tomó parte en una expedición genovesa a Chíos, y en 1476 llegó a Portugal, náufrago de una flota genovesa que fue atacada y casi destruida en el cabo de San Vicente por el corsario francés Guillaume de Casenove-Coullon, llamado Colón el Viejo (supuesto pariente de Colón).

Se estableció en Lisboa, donde siguió de agente comercial, representando a la casa de Centurione, que le encomendó en 1478 una compra de azúcar en Madera por mediación de Paolo di Negro (de la familia de uno de los armadores de la citada flota), que no pudo pagar por no remitirse fondos; en 1479 se hallaba en Génova —por última vez— y hubo de responder de tal hecho el día antes de regresar a Lisboa, según el aludido documento Assereto, que tiende así un lazo entre Cristoforo Colombo y el descubridor, pues este, en su testamento de 1506, ordena pagar unas cantidades a los herederos de Luis Centurión y Paolo di Negro. (Otro enlace es la deuda reconocida a Jerónimo de Porto en un documento de 1470 y recordada en su testamento de 1506.).

Desde Portugal efectuó varios viajes, incluso a países lejanos, como a Inglaterra y Thule (Islandia) en 1477, y aun cien leguas más allá de la última (febrero), según una aseveración suya bastante discutida. Es de notar que en 1476 se verificó una expedición danesa a Islandia enviada por el rey Cristian I, cuyo piloto (conocido incluso por Gómara) era Juan Scolvus, polaco al parecer, llamado también Scolnus (Kolno, Skolny). Ulloa, en sus audaces teorías llega a identificarlo con Colón e imagina —sin base sólida que desde Groenlandia llegó a las Antillas y que este predescubrimiento sería el eje de su empresa de 1492. Tal viaje a Islandia no debió de influir en sus proyectos ni darle noticia de las expediciones de los Vikingos. Otros viajes conocidos hizo años después a Guinea en buques portugueses, entre ellos a la factoría de San Jorge de la Mina, fundada en 1482.

En Portugal se casó con Felipa Moniz, hija de Bartolomé Perestrello, oriundo de Piacenza, en Italia, capitán donatario y colonizador de la isla de Porto Santo (Madera) (h. 1457), y de Isabel Moniz, una de sus mujeres, de noble familia; la boda se celebraría hacia 1478 ó 79 (Ballesteros la sitúa en 1476), y en adelante residió temporadas en Porto Santo, donde nació al parecer su hijo Diego; donde examinaría los papeles y mapas del suegro y tendría noticia de supuestas tierras en el Atlántico, hacia el occidente, de islas imaginarias, de viajes portugueses hacia ellas o a las más reales de Guinea.

Origen de su proyecto

Es lo más probable que en Portugal —foco entonces de las más activas navegaciones, en pleno ambiente de descubrimientos y centro del saber náutico y cosmográfico— fuera donde Colón concibiera su gran proyecto, más que lo trajera de Italia, donde, pese a los antecedentes que se han señalado, es menos fácil que lo imaginara, pues no hay prueba de que sus conocimientos ni lo que se sabe de su vida le predispusieran a planear todavía tan audaz empresa.

Colón fue un hombre dotado de aguda y despejada inteligencia, pero su doctrina fue primordialmente la de un autodidacta: a las primeras letras y quizá algo de latín unió después, quizá en Portugal, estudios de matemáticas, astrología (astronomía) y náutica (aunque no es improbable que los iniciara en su etapa de navegaciones genovesas), habilidad en el dibujo, en especial en el cartográfico, y una intuición rápida e insaciable curiosidad que le hicieron interrogar a gentes muy diversas, como exponía con jactancia a los Reyes Católicos, en 1501; acabó por adquirir conocimientos algo extensos, pero heterogéneos y faltos de método; supone Gandía —y otros— que cuando ahondó más su cultura fue al tropezar con las objeciones —probablemente bastante fundadas—, que se oponían a su proyecto y después de verificado su primer viaje, quizá en los conventos de La Rábida y las Cuevas.

En lo que no cabe duda es en sus aptitudes marineras, puestas de realce por Charcot, y harto demostradas durante sus navegaciones. El origen de su proyecto es complejo: el influjo de la correspondencia de Toscanelli pudo ser decisivo, admitiendo sus respectivas certeza y autenticidad, pero queda en pie la cuestión de la prioridad: si concibió Colón el proyecto por el impulso toscanelliano, o con anterioridad, como ya sostuvo Fernando Colón.

Para la elaboración de las ideas colombinas se han aducido bastantes hechos; unos de tipo teórico y otros fruto de la experiencia; entre estos figuran los documentos de Perestrello, informes recogidos en Madera y en las Azores sobre troncos, cañas, leños tallados, canoas, incluso cadáveres, arrastrados por el mar y no procedentes del Viejo Mundo; rumores existentes en aquellos archipiélagos, de misteriosas islas o tierras imaginadas o creídas entrever en el Atlántico, como las fantásticas que insertan los mapas medievales (Antilia, Siete ciudades, Brasil, San Brandán, Mano de Satanás, Stocafixa [esta última quizá correspondiente a Terranova, pues significa bacalao en lenguas germánicas], etcétera).

Los portugueses pensaban en tales tierras occidentales, y en su búsqueda salieron las expediciones de Diego de Teive (h. 1452) al N, O, del Océano; João Vogado y Gonzalo Fernandes (antes de 1462), Antonio Leme, o se otorgaron tales islas o tierras para descubrirlas, como a Ruy Gonçalves da Cámara (1473), Fernão Domingues de Arco (1484) y Fernão Dulmo y João Afonso de Estreito (1486), cuyas expediciones no consta que salieran; las dos últimas quizá se organizaron para realizar el pensamiento de Colón a sus espaldas.

Desde los primeros tiempos del Descubrimiento corrió la leyenda del «piloto desconocido» (recogida ya por Oviedo, Gómara, Las Casas, Fernando Colón, Castellanos, etcétera), que habría llegado a tierras occidentales y al regreso —único superviviente— había muerto en casa de Colón (en Porto Santo), a quien habría legado su secreto, o habría hallado a Colón en La Rábida o en Murcia o en el Puerto de Santa María; se llamaría Alonso Sánchez de Huelva (según Garcilaso el Inca), o se confundiría con Pedro de Velasco, de Palos, compañero de Teive, o con Pedro Vázquez de la Frontera, con quien confirió realmente Colón en Palos, creyéndose por algunos que los dos últimos son la misma persona.

Rechazada la leyenda del piloto anónimo por la mayoría de los historiadores modernos, fue valorada por Vignaud como uno de los fundamentos de su teoría negadora de que Colón buscase la ruta de la India y sí islas atlánticas, de las que tenía noticia segura, y de nuevo en descrédito hoy. Para Ulloa, Alonso Sánchez es el mismo Colón, predescubridor de América, según su imaginativa tesis. Por último, el fundamento decisivo de este tipo sería el conocimiento por Colón de la carta de Toscanelli a Martins, ya por amistad con este (Gandía), o por estar entre los papeles de su suegro por su parentesco con dicho canónigo (Jos), o por otro medio, y la correspondencia que entabló con el cosmógrafo florentino —si es auténtica—, por medio de Lorenzo Girardi.

Ideas geográficas de Colón

Las bases teóricas o científicas radicaban en la esfericidad de la tierra, universalmente admitida en el siglo XV; en la unicidad del océano, que bañaba, por tanto, lo mismo las costas occidentales de Europa que las orientales de Asia y en la posibilidad de atravesarlo, como ya lo anunciaba Séneca —en contraste con la ruta oriental que buscaban los portugueses— y por fin, en las dimensiones que atribuía al globo, al ecumene o parte sólida y al grado del círculo terrestre.

Sus conocimientos en este campo procedían todos de segunda mano y de unas pocas lecturas en que hallaba compiladas teorías y noticias de autores antiguos y medievales; eran tales libros los de Marco Polo (pub, h. 1485), con su revelación de un maravilloso Extremo Oriente, el gran imperio del Catay (China) y la áurea isla de Cipango (Japón); la Imago Mundi, de Petrus Alliacus (el cardenal Pedro d'Ailly, 1350-1420), publicada en Lovaina entre 1480 y 1483, y la Historia rerum ubique gestarum, de Eneas Silvio Piccolomini (papa Pío II), pub. en Venecia, 1477 (más tarde la Historia Natural de Plinio, 1489), libros conservados en la Biblioteca Colombina, que él leyó repetidamente y anotó en los márgenes con centenares de notas, en las que es difícil distinguir las diversas manos que intervinieron (el P. Fritz Streicher, S. J., atribuyó a Colón casi exclusivamente parte de las de Marco Polo, y le negó casi las 900 del Alliaco, el libro más copiosamente anotado y todas las del Eneas Silvio; las extremadas conclusiones de Streicher han recibido serias objeciones).

Su principal fuente fue Ailly (no faltan quienes creen que lo leyó después de su estancia en Portugal, e incluso de su primer viaje (Vignaud)], donde halló abundantes datos sobre las teorías geográficas y cosmográficas de Ptolomeo (del que poseyó después un ejemplar), Aristóteles, Plinio, Estrabón, Marino de Tiro, Averroes, Alfragano, etc. Para Ptolomeo, el ecumene tenía 180° de longitud, es decir, la mitad del círculo terrestre, desde España al Extremo Oriente (50 por 100 más de la realidad); Eratóstenes, sin embargo, lo había fijado en un tercio del círculo.

Marino lo alargó a 225° a los que Colón añade 28° por los descubrimientos de Marco Polo; a este exagerado ecumene de 253° corresponde un océano de solo 170° cuya travesía queda facilitada por las escalas de Antilia y Cipango, esta de 30° del Catay, y si se salía de nueve grados al oeste (Canarias), la navegación más larga quedaba reducida a 68° (de la Península a China hay 228° por el Oeste y al Japón 210°).

Situaba Colón el Cipango a 750 leguas de Canarias y de aquí al Catay ponía 375 más, en total unas 1.125 leguas. Cuando llegó a Guanahani había contado 1.128 leguas y a Cuba 1.142, según estampa en su Diario de a bordo. Por tanto, creyó haber triunfado y tener razón, (La legua romana suya equivale a 3,18 millas náuticas actuales.)

Pero además Colón adoptó el módulo del árabe Alfragano (Alferganí, s. IX) de 56 2/3 millas por grado ecuatorial, en lugar del de Ptolomeo de 62 ½, pero creyendo erróneamente que se trataban de millas romanas (=1.480 metros, siendo de 1.973); resultaba así el círculo máximo de 20.400 millas (30.200 kilómetros en lugar de 40.000) y a la latitud de 26°, de 74 kilómetros el grado en lugar de 98; la distancia de Canarias a Cipango resultaba de unos 4.450 kilómetros y al Catay de unos 6.575 (en lugar de 19.600 y 21.800 en la realidad —Morison—). El Japón, así, estaba a la distancia de las Antillas Menores, y China, a la de América Central, Aunque el proyecto de Colón coincida con el de Toscanelli en sus directrices generales, no lo hace en los pormenores, pues puso el punto de partida en Canarias y no en Azores o Lisboa y sus cálculos de distancia son inferiores todavía (Toscanelli da 130° al espacio marítimo).

Repulsa a Colón en Portugal

En fecha desconocida presentó Colón su proyecto de ruta a la India por el Oeste a la corte portuguesa; examinada por la Junta de matemáticos (Diego Ortiz de Calzadilla, obispo de Ceuta, castellano y confesor de Juana la Beltraneja; Maestre Rodrigo das Pedras Negras y el judío Josef Vizinho), fue rechazada su propuesta, por no interesar a Portugal, dada la concentración de esfuerzos y energías en la ruta africana, lo que ya había hecho desechar años atrás el plan de Toscanelli, por poseer mejor información que Colón sobre las dimensiones del globo y el valor del grado (70 millas = 103,6 kilómetros, más próximo al real); por no dar importancia a sus explicaciones sobre Cipango y por la exageración de sus pretensiones, pues pretendía ser nombrado caballero, almirante mayor del Océano con gran cantidad de prerrogativas y virrey de lo que descubriera, y percibir la décima parte de todo lo que se beneficiara; casi las mismas condiciones que presentó luego a los Reyes Católicos, inaceptables para un rey muy celoso de su autoridad como Juan II y procedentes de un oscuro extranjero, cuando tenía a su disposición muchos marinos portugueses que harían cualquier empresa sin tantas exigencias. Se cree que la intentó sin contar con Colón, y quizá a ello corresponda la capitulación con Fernam Dulmo.

Llegada a España

Indignado Colón por la repulsa, quizá por fraudes, viudo ya, abandonó secretamente y por motivos oscuros Portugal (donde ya residía su hermano Bartolomé) en los primeros meses de 1485, y probablemente por mar llegó a Palos (se ha supuesto también que a Sevilla —con menos probabilidad—, no admitiendo algunos historiadores esta primera visita a Palos); el motivo fue quizá ver a sus cuñados Violante o Briolanja Moniz y Miguel Muliart, residentes en Huelva, y dejarles a su hijo Diego; otros creen que fue a obtener noticias sobre sus planes y ver a uno de los pilotos citados (Pedro de Velasco).

Entró en relación con los franciscanos de La Rábida, especialmente con fray Juan Pérez, cuyo apoyo le fue más adelante decisivo, y se supone que dejó allí a su hijo. Además de los que no admiten esta primera visita, Manzano supone que no estaba entonces allí el padre Pérez y sí fray Antonio de Marchena. Pasó a Sevilla, donde padeció una época apurada y se dedicó a la venta de libros; allí quiso interesar en su proyecto al duque de Medina Sidonia (Enrique de Guzmán, II duque), que no le atendió, y al de Medinaceli (el I, Luis de la Cerda) en Puerto de Santa María, que le socorrió generosamente y estuvo dispuesto a tomar sobre sí la empresa, pero la reina Isabel la reclamó para la corona (es poco clara la cronología de este episodio y pudo ocurrir en años posteriores o en dos veces). Manzano cree que fue directamente a Córdoba y que el episodio de los duques es posterior.

Desde el momento de su entrada en España, Colón no cesó de proyectar su anhelado viaje, pero hasta 1492 no pudo firmar las Capitulaciones de Santa Fe, que le permitieron zarpar en busca de nuevas rutas atlánticas. Se inaugura así la serie de los viajes de Colón, que sitúan al genovés entre las primeras figuras de la historia universal.

Los últimos días

No todo fue para el gran navegante felicidad y reconocimiento; fue víctima de envidias, tanto en España como en las tierras nuevas por él descubiertas, y al regresar de su cuarto viaje (7-XI-1504), su llegada a España se vio oscurecida por la desaparición de su más firme patrocinadora; en efecto, pocos días después fallecía la reina Isabel y perdía Colón a su mejor protectora. Sus últimos días —en Sevilla y luego en séquito de la corte— estuvieron dedicados a velar por sus intereses, a reclamar constantemente el cumplimiento de las promesas regias y de los derechos concedidos y a procurar transmitirlos a su hijo Diego, agregado a la corte.

El rey Fernando daba largas al asunto, pues los privilegios de Colón excedían en mucho lo supuesto al otorgarlos, y de respetarse ponían las Indias en manos del descubridor, en oposición a la política unificadora, autoritaria y antifeudal de los Reyes Católicos. Además, el descubrimiento iba tomando proporciones de empresa nacional, y era imposible que quedara supeditada a un solo individuo, por la trascendencia y creciente complejidad de sus problemas.

Aunque por la malevolencia de Ovando y desidia oficial no percibía Colón con regularidad sus rentas de Indias, no es cierto que estuviera en la pobreza; por entonces se comenzó a tratar el matrimonio de su hijo Diego con una sobrina del duque de Alba, enlace que introducía a la familia de Colón en lo más encumbrado de la aristocracia castellana. De esta época es una carta en la que Colón elogia a su amigo Vespucio, y probablemente no hubo por parte de este propósito deliberado de arrebatarle la gloria de bautizar al Nuevo Mundo.

Por sus enfermedades no pudo Colón ir al encuentro de los nuevos reyes, Juana y Felipe I; hallándose con la corte en Valladolid, en 1506, se agravó y falleció en esta ciudad (20-V). Sus restos sufrieron numerosos traslados: a la cartuja de las Cuevas, a la catedral de Santo Domingo (h. 1536), a la de La Habana (1795) y a la de Sevilla (1899); en la República Dominicana pasa por indubitable que no salieron los verdaderos en el traslado de 1795, y que allí siguen; la cuestión de los restos ha acabado por adquirir un indebido matiz político.

La persona y la obra

Quedan de Colón escritos que han servido para darle categoría literaria y para estudiar la cuestión de su idioma, pues están en español, idioma que Menéndez Pidal cree usó ya en Portugal, por lo que le quedarían luego muchos portuguesismos; otros (Streicher) atribuyen casi todos sus escritos a secretarios; negando que sirvan de base a ninguna teoría sobre tal asunto.

Colón, autodidacta, férreo creyente en sus ideas que en sus últimos años llega a un iluminismo místico), tenaz en grado sumo, errado en sus fundamentos científicos, pero de una enorme energía para llevar a cumplida realización sus proyectos, inflexible por tanto en sus pretensiones, por estar plenamente consciente de tener razón, frente a las razones ajenas, hondamente religioso (en el siglo XIX se dio una tentativa de canonización), intransigente en exigir el respeto de sus derechos, imaginativo y soñador, pero dotado de sentido práctico, de realismo en la ejecución de sus planes, experto en percibir lo lucrativo, buen administrador de sus derechos y de sus bienes, es una de las figuras más extraordinarias de la Historia.

Cierto es que el descubrimiento de América flotaba en el ambiente de la época, y que hubiera acabado por producirse a consecuencia de las exploraciones portuguesas; pero a él se debió y en el concurrieron las cualidades y tesón necesario para realizarlo. Pero también hay que reconocer que la empresa fue española por completo, y aunque sin él, España quizá no hubiera dado tan sorprendente giro en su historia, sin España, sin el apoyo de los Reyes Católicos y de sus amigos, sin la ayuda de los marinos españoles —ante todo de Pinzón, aun sin exagerar el papel que se le ha achacado—, sin la constancia que puso España a pesar de la desilusión brotada tras los primeros momentos de entusiasmo, parece difícil que hubiera podido Colón llevar a término su empresa, rechazada en otros países, hecho que por sus consecuencias es uno de los más trascendentales de la Historia, como ya percibía agudamente López de Gómara en el siglo XVI, al afirmar que la mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la Encarnación y Muerte del que lo crió, es el descubrimiento de Indias.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E, págs. 886-892.