Isabel de Farnesio

Datos biográficos

Reina de España: 1714-1746
Nacimiento: 1692
Fallecimiento: 1766

Biografía

[Parma-Aranjuez]. La segunda esposa de Felipe V era hija de Eduardo III, príncipe de Parma. Aunque fue propuesta para su matrimonio por la princesa de los Ursinos, al llegar en 1714 la nueva reina a España, la antigua camarera de María Luisa de Saboya perdió su privanza, en la que fue sustituida por Alberoni. De esta suerte, el nuevo enlace de Felipe -significa la sustitución de la influencia francesa por la italiana.

El carácter de Isabel de Farnesio, quien durante la vida de Felipe tuvo tanto influjo, ya sea para turbar la Europa, ya para pacificarla, era casi diametralmente opuesto al de su marido. Educada en una habitación apartada del palacio de Parma, conociendo apenas el mundo y siempre bajo la inspección de una madre austera y vigilante, tenía, empero, un entendimiento bastante cultivado; conocía la historia y la política mucho mejor que las personas vulgares de su edad, hablaba con facilidad varios idiomas y profesaba una afición extraordinaria a las bellas artes. Su porte era sencillo, si bien interesante; además era muy amable cuando se proponía agradar; sus modales eran seductores y encantadora su conversación. Aunque por carácter era altanera e imperiosa, sabía dominarse, que esta era una máxima importante que le habían imbuido y que formaba, por decirlo así, la base de su educación (Coxe, II, pág. 142 s.).
Retrato de Isabel de Farnesio, por Louis-Michel van Loo.Retrato de Isabel de Farnesio, por Louis-Michel van Loo.

Con estas condiciones humanas, alimentadas por una desmedida ambición y unas miras a distancia a favor de sus hijos, a los que anhelaba ver coronados, Isabel de Farnesio llegó a dominar por completo el ánimo de su esposo, cuya melancolía iba degenerando en locura. Impulsó a Felipe a reclamar la herencia de la corona de Francia, contando para este proyecto con el consejo y la habilidad de Alberoni. Al mismo tiempo, no dejó de proyectar su vista hacia los ducados italianos -Parma, Plasencia y Toscana, previniendo así una muerte prematura del rey. Puede afirmarse que toda la política desplegada por la reina Isabel se cifraba únicamente en asegurar el porvenir de sus hijos, en especial de su primogénito Carlos [III], que llegó a ser rey de Nápoles y después de España.

Tuvo en total siete hijos: el ya citado; María Ana Victoria, que fue reina de Portugal; Francisco que murió de niño; Felipe, que llegó a ser duque de Parma; María Teresa, que casó con el delfín sucesor de Luis XV; Luis Antonio. conde de Chinchón, y María Antonieta Fernanda, reina de Cerdeña.

La reina acertó a adaptarse a todos los gustos de Felipe.

El rey es inclinadísimo al honesto exercicio de la caza, y la reina tiene tal gusto y tal destreza en ella, que su más delicioso tocador es el campo y su arcabuz la enseñanza de los más expertos cazadores, escribía el cronista Luis de Salazar y Castro (Índice de las glorias de la casa de Farnese, Madrid, 1716); y en la misma medida se plegaba a las otras aficiones del monarca.

Muerto el rey en 1746, su sucesor, Fernando VI, ofreció a su madrastra que eligiera algún real sitio para residir fuera de la corte, donde se temía su propensión a intervenir en los negocios públicos. La reina madre se retiró a San Ildefonso, donde, por espacio de doce años, hizo la vida que nos refiere Fernán-Núñez:

Esta soberana, aunque al principio solía allí salir a los jardines, había ya muchos años que el único movimiento que hacía era de su pieza de dormir a la inmediata, en que pasaba el día sentada en una silla poltrona. La extraordinaria distribución de horas que el rey Felipe, su marido, había tenido en los últimos años de su vida, se había hecho ya en S. M. una costumbre, y así, hacía el día noche y la noche día. Se levantaba a la una o a las dos. Oía Misa (con permiso particular) a las tres y media. Comía a las ocho de la noche, cenaba a las cinco de la mañana, y se acostaba a las siete. Era preciso seguir siempre la ilusión de su método de vida, y, tanto en verano como en invierno, las luces ardían a la hora en que se acostaba, y se encendía el velador de verano a las ocho de la mañana, para que ardiese mientras dormía, como pudiera hacerse a las doce de la noche... Cualquiera creería que después de doce años de semejante vida, no podría S. M. emprender un viaje de catorce leguas de mal camino, por un puerto como de la Fonfría, sin mucho cuidado y precauciones, y en silla de manos; pero esto del mando, para el que tiene la suerte de gustar de él, es la pasión más dominante y el remedio más seguro de todos los males. Apenas recibió la reina la noticia y poderes para la regencia, se puso en coche, y en un día se halló en Madrid, habiendo hecho todo el viaje sin el menor quebranto.

En efecto, la muerte de Fernando VI vino a colmar sus más altas ambiciones: ver sentado en el trono de España a su hijo Carlos, En tanto llegaba él de Nápoles, Isabel se hizo cargo de la regencia, entrando en el palacio del Buen Retiro el 17 de agosto de 1759; gobernó el país hasta el 9 de diciembre, día en que llegó Carlos con su familia al palacio del Retiro.

En el cuarto del rey esperaba aquella madre cariñosa que tanto se había sacrificado por sus hijos y que volvía a verle después de una ausencia de veintiocho años» (Danvila, II, 47).

La reina madre siguió siempre de cerca a su hijo Carlos, hasta el día de su muerte -11-VII-1766 que le sobrevino en Aranjuez, fruto de la perversa y criminal sublevación de Madrid [el motín de Esquilache], según escribió Tanucci, Danvila, II, 372.

VILLA, Justa de la, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo F-M, págs. 502-503.