Álvaro de Bazán

Datos biográficos

Almirante
Nacimiento: 12-XII-1526
Fallecimiento: 9-II-1588

Biografía

Entre los grandes almirantes de que puede enorgullecerse la historia de España, pocos rivalizan con don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz de Marcenado, cuya cabeza fue coronada por los laureles de la fama en su tiempo y en los posteriores. Figura representativa de los destinos de España en el mar en la época de su hegemonía sobre las tierras y los océanos, Santa Cruz tremoló el estandarte de Felipe II en el Mediterráneo y en el Atlántico en una sucesión de empresas victoriosas, que culminaron en las acciones navales de Lepanto y las islas Terceras y en la preparación del plan de la Armada Invencible. Su personalidad es tanto más representativa cuanto la Providencia quiso que su muerte coincidiera con el fracaso de la expedición que él patrocinó, en el umbral de la decadencia marítima de España.

Álvaro de Bazán, capitán general de la Armada de la Mar Océana (desde 1526 hasta 1588) por Rafael Tegeo Díaz, 1.828.Álvaro de Bazán, capitán general de la Armada de la Mar Océana (desde 1526 hasta 1588) por Rafael Tegeo Díaz, 1.828.

Nacido en Granada el 12-XII-1526, de Álvaro de Bazán y Ana de Guzmán, fue educado por su padre en la escuela de la milicia. A los diecisiete años figuró, a su lado, en el combate naval que sostuvo la flota de Carlos V contra la de Francisco I de Francia en las costas de Galicia (25-VII-1544). Meses después, nombrado general de las galeras de España en la guarda de sus costas, emprendió una serie de brillantes acciones contra los corsarios que intentaban impedir el tráfico con las Indias y contra sus refugios en el litoral marroquí; desbarató a una flota inglesa que transportaba armas para los moros y aniquiló los buques corsarios de varia procedencia en las acciones de cabo Aguer y río de Tetuán.

Sus destacados servicios en estos y otros hechos de armas motivaron que en 1568 fuera nombrado por Felipe II general de las galeras de Nápoles, cuyas costas estaban infestadas por los piratas berberiscos. Les ahuyentó de aquellas aguas en el curso de varias activas campañas, y, de regreso, a España, aseguró el litoral peninsular en el momento de la, sublevación de los moriscos de las Alpujarras. Poco después, mandaba la escuadra de reserva de la flota cristiana en la celebrada batalla de Lepanto (1571), en la cual se acreditó de jefe expertísimo, pues no en vano a él pudo atribuirse gran parte los laureles cosechados por las armas aliadas.

Recibido en Nápoles como un triunfador, reanudó su actividades al año siguiente, distinguiéndose en varios combates aislados contra los turcos. En 1573 figuró en la empresa de la reconquista de Túnez por Juan de Austria, en cuya acción acaudilló la tropa de desembarco. A continuación se apoderó de la isla de Querquenes. Tantos y tan notables méritos le hicieron acreedor de las recompensas de Felipe II, el cual le consideró como el mejor de sus hombres de mar.

Cuando se planteó el problema de la sucesión de Portugal, Santa Cruz mandó la escuadra que en el estuario del Tajo deshizo la flota del prior de Crato (1580) y cerca de la Terceras derrotó de modo brillante a las naves francesas del mariscal Felipe Strozzi, las cuales acudía a socorrer a los rebeldes refugiados en las mismas (26-VII-1582).

Ante el problema de los agresiones de los corsarios ingleses a las flotas y ciudades coloniales españolas, Bazán no vaciló en proponer a Felipe II la conquista de Inglaterra. El monarca español fue dilatando la respuesta hasta que las relaciones con la monarquía de los Tudor la hizo inevitable y afirmativa. El marqués de Santa Cruz se encargó de aprestar los preparativos y del mando de la expedición. Pero no pudo ostentarlo, pues la muerte le sorprendió en Lisboa, el 9-II-1588, antes de que pudiera inmortalizar su nombre dirigiendo la mayor empresa que registran los siglos.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 11-12.