Pedro Navarro

Datos biográficos

Militar
Nacimiento: ¿1460?
Fallecimiento: 1528

Biografía

Retrato de Pedro Navarro.Retrato de Pedro Navarro.

Uno de los más brillantes generales españoles de la época de los Reyes Católicos fue Pedro Navarro, natural de la villa de Garde, en el valle del Roncal, del reino de Navarra. De origen humilde, se elevó por su esfuerzo y su ingenio a los primeros rangos de la milicia. No fue un caudillo magistral, como Fernández de Córdoba, pero por su arrojo y decisión, y sus conocimientos del arte militar, pudo llevar a sus ejércitos a la victoria en varias ocasiones.

Inferior a otros generales de la época en el combate a campo abierto, fue único en el asedio de ciudades muradas y fortalezas, que debeló gracias a la aplicación en gran escala de las minas. Dícese que inventó este aspecto de la ingeniería de guerra; en todo caso lo perfeccionó hasta tal punto que se hizo justamente célebre por su empleo. En 1487 le hallamos en Italia combatiendo al lado de los florentinos contra los genoveses. Su juventud queda envuelta en la oscuridad, aunque es posible que naciera en 1460 en el seno de una familia campesina y que en su niñez se dedicara al cultivo de la tierra. De como pasó a la península Itálica existen pocos informes; los único positivo es que entró al servicio del marqués de Cotrón, caballero del reino de Nápoles, antes de que acaecieran las luchas entre Florencia y Génova. Luego pasó con el marqués a Turquía, y, habiendo renunciado a servirle, navegó durante algunos años por el Mediterráneo, persiguiendo a los piratas, y, quizá, a los no piratas.

Herido en 1499, desembarcó en Italia y se puso a las órdenes del Gran Capitán, con el cual realizó varias fructuosas campañas; la captura de Cefalonia en 1500; la defensa de Canosa en 1502; y las tomas de los castillos Nuevo y del Huevo, en Nápoles, en 1503. Por sus notables hechos de armas, en particular por su inventiva en la voladura de murallas mediante minas, el Rey Católico le confirió el título de conde de Oliveto.

La desgracia de Gonzalo de Córdoba ante don Fernando coincidió con el auge de Pedro Navarro. En 1507, el rey se lo llevó a España, donde muy pronto tuvo ocasión de utilizarlo en la reducción del duque de Nájera. Pero sus mayores éxitos fueron en las campañas africanas. En 1508 tomó el peñón de Vélez de la Gomera, y en 1509, bajo el Cardenal Cisneros, conquistó por asalto la plaza de Orán. Al año siguiente, revestido de plena autoridad por el monarca, prosiguió sus victorias con la rendición de Bujía, la sumisión de Argel, Túnez y Tremecen, y la expugnación de la ciudad de Trípoli (26 de julio), después de un breve pero sangriento combate. En cambio, fracasó un mes después en el intento de apoderarse de las Gelves. Puede decirse que en este momento se apaga la estrella de Navarro y se inicia su decadencia militar y política.

La fama que había logrado Pedro Navarro sufrió un rudo quebranto en la acción de Rávena (11-IV-1512), en la que, si bien luchó como jefe de la infantería aliada con su brío habitual, no pudo evitar la derrota de sus fuerzas ni el caer prisionero de los franceses. Conducido a Francia por el caballero de Labrit, quien le había hecho rehén, aceptó el cargo de general que le ofreció Francisco I, después de haber solicitado en vano su rescate a la corte española. Su paso al bando enemigo le ha valido, por parte de los críticos, el calificativo de traidor, aunque esta palabra no sea apropiada a la ideología y costumbres de aquellos tiempos. Al servicio de Francisco I de Francia, Navarro luchó reiteradamente en Italia, tomado parte en la mayoría de las acciones que se libraron entre 1514 y 1527, como las de Marignano (1516) y Bicoca (1522).

Hecho prisionero en este año, cuando llevaba refuerzos a Génova, recobró la libertad en 1526, para volverla a perder al siguiente año en una de las primeras batallas de la Liga clementina. Encerrado en el castillo del Huevo, de Nápoles, murió en uno de sus calabozos en 1528, quizá de muerte violenta que decretó el príncipe de Orange, virrey de aquel territorio.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 211-212.