Carlos II por W. Humer

Carlos II de España

Introducción

CARLOS II, rey de España (1661-1700; 1665-1700), el Hechizado [Madrid-El Escorial].

El rey Carlos II, llamado el Hechizado, nació en el viejo Alcázar de Madrid el 6 de noviembre de 1661, y murió en el mismo palacio, el 1 de noviembre de 1700, cinco días antes de cumplir los treinta y nueve años. Es Carlos un típico fin de raza, como engendrado por un hombre, Felipe IV, más gastado que viejo, en la última cópula lograda con su segunda esposa, doña Mariana de Austria, según él mismo confesara. Carlos nació raquítico y se crió enfermizo, durando su lactancia cuatro años. Desde su nacimiento, las Cancillerías europeas aguardaban su muerte para repartirse en jirones sus dominios. Sin los angustiados desvelos de la reina madre y los atentos cuidados y sagaces previsiones de aya tan bien elegida como doña María Engracia de Toledo, marquesa de los Vélez, parece casi imposible que hubiera salido adelante.

Recibió, en cambio, pésima educación, en parte por el descuido de la reina madre y la mala elección de maestros y directores. Baste decir, en prueba, que Carlos, rey desde los cuatro años, a los nueve no sabía leer ni escribir, cosa que escandalizó grandemente cuando se supo, y la culpa fue achacada a doña Mariana y al preceptor, Ramos del Manzano, catedrático de la Universidad de Salamanca, ya que al rey niño se le atribuía gran inteligencia por ciertos rasgos propios de la precocidad de los degenerados. G Maura en Carlos II y su corte, t. I, cap. III. La crianza recuerda algunos.

En una recepción, el rey, que disimulaba su debilidad agarrado a una cortina para sostenerse en pie, vio a un Grande cubierto sin su autorización. Enérgicamente cogió su gorro, se lo caló, y luego invitó al Grande a cubrirse. Otro día, en El Escorial, entró en la celda del prior, en ausencia de este, y colocó en la carpeta un dibujo obsceno. El prior volvió a su celda, entró entonces Carlos con algunos cortesanos y preguntó al buen jerónimo qué leía. Cuando este respondió, el rey levantó la carpeta y sacó el dibujo. Era más inteligente de lo que estas bromas celebradas indican, y, ante todo, supo mostrarse digno y patriota, como demostró en su mayor edad

Desde mucho antes de que llegara a cumplirla, preocupaba su boda a los españoles, deseosos de que el rey tuviera un heredero, ya que le faltaban hermanos y tíos varones. Después de la paz de Aquisgrán (1668), cuando eran árbitros de la política exterior de España Peñaranda y el marqués de la Fuente, se pensaba en una princesa de la casa de Borbón. Entre las dos disponibles, María Teresa, hija de Luis XIV y de la infanta española María Teresa, y María Luisa, hija de los duques de Orleáns, se prefería a María Teresa, aunque no pasara de los dos años, ya que de María Luisa, aunque tuviese siete, se decía que era de mal carácter. Muerta María Teresa (1672) y rota la paz por Luis XIV, se vuelve a proyectar la tradicional boda alemana. Sin embargo, durante el valimiento de Valenzuela no se trató de boda, y don Juan José de Austria también tuvo descuidado este asunto, dejándolo acaso para el momento de la paz. Convenida la de Nimega (1678), don Juan decidió el matrimonio de Carlos II con María Luisa de Orleans, sobrina de Luis XIV, guiado no por patriotismo, sino por el deseo de tener una reina hechura suya, que separase todavía más al rey de su madre.

Para ultimar el matrimonio, empezado a negociar en 1678, fue a París, desde Bruselas, con el carácter de embajador extraordinario, don Pablo Spínola Doria, marqués de los Balbases (7 junio 1679). La pretensión de Carlos II fue tan bien acogida por Luis XIV que ocho días después (15 junio) ya se supo en Madrid que las capitulaciones estaban en principio convenidas. Aquel mismo día Carlos II fue a dar gracias a Nuestra Señora de Atocha, y por la noche la corte y el pueblo madrileño tuvieron fiestas y regocijos. Los embajadores español y francés en Roma —el marqués del Carpio y el duque de Estré — pidieron al papa Inocencio XI (1676-1689) las necesarias dispensas, ya que la futura reina de España era nieta de Ana de Austria y biznieta de Felipe II, bisabuelo del rey español. Obtenidas las dispensas, se firmaron en Fontainebleau las capitulaciones matrimoniales (30 agosto 1679) y al día siguiente, jueves, se celebraron allí mismo los desposorios, con la magnificencia característica de Luis el Grande, representando a Carlos II el príncipe de Conti.

Retrato de Mariana de Austria, por Diego Velázquez (1652)

En Madrid, Carlos II y don Juan —el cual no había de ver a María Luisa, pues murió mes y medio antes de que esta pasara la frontera— se ocupaban de organizar la casa de la reina. Carlos II la esperó a tres leguas de Burgos, en Quintanilla, donde el Patriarca ratificó el casamiento el día 19 de noviembre, entrando los reyes, ya casados, en las Huelgas el día 20 y solemnemente en la ciudad de Burgos el día 21. La capital de Castilla se esmeró en los festejos y en ella vio María Luisa, por primera vez, la fiesta de los toros.

El 2 de diciembre llegaron a Madrid los reyes y se alojaron en el palacio del Buen Retiro, hasta el día 13, señalado para la entrada solemne de la reina en la capital de la monarquía. La reina María Luisa murió en Madrid, antes de cumplir los veintisiete años, el 12 de febrero de 1689, con la amargura de no haber dado al rey y a España el heredero que deseaban.

Diez días después de la muerte de María Luisa, el Consejo de Estado suplicaba a Carlos II que contrajera nuevo matrimonio.

La elección de María Ana de Neoburgo para nueva esposa quedó acordada al mes de morir María Luisa, esto es, el 15 de marzo de 1689.

El rey estaba en Simancas, y el 4 de mayo de 1690, día de la Ascensión, entró en Valladolid y en palacio, donde la reina ya le esperaba. Los días que Carlos y María Ana permanecieron en Valladolid fueron de fiesta continua: ceremonias religiosas, recepciones, mascaradas, cañas, fuegos artificiales, corridas de toros, comedias. El 11 de mayo salieron Carlos y María Ana de Valladolid, y por Olmedo, Martín Muñoz, Villacastín y Guadarrama, lugares en cada uno de los cuales pasaron una noche, llegaron al palacio de El Pardo, donde la reina madre abrazó a su nuera el día 15. El día 16 Carlos II llevó a su esposa al Retiro, desde donde esta escribió a su padre, diciéndole: Marido y suegra me demuestran cariño.

El 20 de mayo hizo la reina su entrada solemne en Madrid. El rey la presenció desde las casas del conde de Oñate. Cuando doña María Ana llegó al Alcázar, ya la esperaba en él su marido. Pronto se convenció Mariana de Neoburgo de que tampoco ella daría a España el ansiado heredero, y se mezcló en las intrigas cortesanas y europeas por la sucesión de España.

Si se cumplia el testamento de Felipe IV, Mariana de Austria debía cesar en las funciones de gobernadora el 6 de noviembre de 1675, día en que Carlos II alcanzaba los catorce años de edad. Doña Mariana presentó a su hijo algunos días antes un escrito, por el cual, reconociendo el retraso de su educación y crianza, prorrogaba por dos años más la regencia, Carlos II la dejó estupefacta negándose a firmarlo. En efecto, instigado por un cuarteto de intrigantes —su confesor el padre Montenegro, su caballerizo el conde de Medellín, su camarero el conde de Talhara y su preceptor don Francisco Ramos del Manzano — parecía firmemente resuelto a encargarse del gobierno de sus Estados, con la colaboración de su hermano bastardo don Juan José de Austria, al que había prevenido que aquel día se hallase en Madrid. Pero en el momento que más falta le hacían, al pobre Carlos II se le quebraron las energías. En la capilla de Palacio se dispuso un Te Deum, por la mayoría de edad, Doña Mariana no asistió a la ceremonia. Terminada esta, Carlos II pasó a las habitaciones de su madre, de las que salió, tras larga conferencia, muy cambiado y con señales evidentes de haber llorado como un niño débil, como lo que era.

Don Juan esperaba las órdenes del rey en el Retiro, pero recibió no la de presentarse en palacio, sino la de retirarse a Aragón.

SANZ AYAN, Carmen, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XI, págs. 470-479.