Ataúlfo, rey de los visigodos, por Raimundo Madrazo. 1858

ATAULFO. ATAULFUS REX. ¿Panonia? (Croacia), ú. t. s. IV – Barcelona, VIII-IX.415. Rey de los godos (410-415).

Ataúlfo pertenecía a la más alta nobleza de los godos tervingios. Las fuentes contemporáneas afirman que tenía un parentesco de sangre con su antecesor el rey Alarico I († 410), además de que este contrajera matrimonio con una hermana de aquél. Por ello parece conveniente considerar a Ataúlfo miembro del gran linaje de los Baltos, para lo que conviene también su propio nombre, pues la aliteración en aresulta un rasgo típico de los llamados Baltos antiguos. A partir del liderazgo que Ataúlfo tuvo sobre los godos asentados en Panonia, se ha supuesto que pudiera ser padre de Ataúlfo el godo Alateo. Este fue uno de los jefes godos de la famosa batalla de Adrianápolis(378) y posteriormente lideró a los godos asentados en la Panonia Superior en virtud de la alianza foedushecha con el Imperio romano en 380.

Lo que desde luego es cierto es que tanto el posible balto Alateo como el seguro Ataúlfo lideraron no solo a godos tervingios, sino también a godos greutungos, que se habían negado a vivir subordinados a sus vencedores hunos, y también a algunos de estos últimos; y es casi seguro que entres esos greutungos liderados por Ataúlfo se encontrara algún miembro del linaje de los Amalos. En 408 Ataúlfo , al frente de un numeroso grupo de godos y también hunos se unió en Italia a su pariente Alarico. Un nuevo aporte popular que habría sido muy importante en la definitiva culminación de la etnogénesis de los godos baltos o visigodos.

De especial significación sería el aporte de guerreros a caballoal ejército godo de Alarico, hasta entonces formado principalmente por infantes. En razón de ello, sería nombrado conde de los domésticos a caballo por Prisco Atalo, en los meses del 409-410 en que vistió ilegítimamente la púrpura imperial. Con esas credenciales sería lógico que, cuando Alarico murió en Cosenza a finales del 410, Ataúlfo le sucediera como rey de los godos.

El reinado de Ataúlfo sería una continuación del de su cuñado y pariente. Alarico I desgraciadamente había dejado a su pueblo sin resolver ninguno de los problemas fundamentales: la integración en el seno del Imperio o la constitución de un reino godo en su interior, en definitiva la adquisición de una patria que asegurase al pueblo godo su subsistencia con un cierto nivel de vida y dignidad. Alarico I dejaba a Ataúlfo ese dilema para resolver el problema fundamental. Lo que Ataúlfo no volvió a repetir fue el error de Alarico I de presionar al gobierno imperial de Honorio directamente en su corazón, en Italia; lo que se había mostrado siempre frustrante y a la larga siempre contraproducente para los auténticos intereses godos.

La usurpación imperial de Jovino en las Galias en 411 puso a Ataúlfo en disposición de ofrecer a este y al gobierno legítimo de Honorio sus servicios militares. Al principio Ataúlfo se puso al lado de Jovino, entre otras cosas porque Honorio había depositado su confianza en el godo Saro, un miembro del linaje greutungo de los Rosomones con los que los Amalos del heroico rey Ermanerico († 375) mantenían una vieja y sangrienta venganza de sangre faida, que también alcanzó ahora al Baltos Ataúlfo.

Precisamente la traición de Saro a Honorio en 412, también por una vendetta, y su paso al bando de Jovino ofreció a Ataúlfo la oportunidad de vengarse de Saro y servir al bando que parecía más fuerte. En efecto, ese mismo año Ataúlfo impedía ya en las Galias, la unión de Saro con las fuerzas de Jovino, haciéndole prisionero y decapitándole de inmediato. Y unos meses después, ya en 413, Ataúlfo pactaba con Honorio una alianza en virtud de la cual el godo prestaría su servicio militar a cambio de raciones de rancho para quince mil soldados godos. Además, Ataúlfo se esforzó en persuadir al emperador Honorio que lo admita como aliado, contando con que Gala Placidia, hija de Teodosio el Grande y hermana de aquél, había sido hecha cautiva cuando los godos asolaron Roma en 410, cuando solo contaba 16 años. Ataúlfo condicionó la libertad de la bella princesa romana a la firma de un tratado de paz.

Tras derrotar a Jovino, Ataúlfo se encontró de nuevo cerrada su promoción en el Imperio por la oposición del emergente Constancio († 421). Por ello, como en otro tiempo Alarico I, Ataúlfo hizo un nuevo y último esfuerzo de sustituir a Honorio por un emperador dócil a sus designios, como era el antiguo usurpador Prisco Atalo, que había acompañado al ejército godo desde el fracaso de su primera asunción de la púrpura imperial en 410. Es más, en enero del 414 en Narbona, Ataúlfo contrajo matrimonio con la princesa Gala Placidia († 450).

Los regalos hechos a la desposada eran 100 joyeros repletos de piedras preciosas y piezas de oro que fueron presentadas por 50 jóvenes envueltas en espléndidas túnicas de seda

La famosa frase supuestamente dicha por Ataúlfo y recordada por San Jerónimo, de abandonar la idea que había tenido por un momento de sustituir el Imperio romano por una Gothia, en caso de ser cierta debe interpretarse en el sentido de que con su matrimonio Ataúlfo optaba decididamente por su integración plena en el Imperio, emparentado con su aristocracia militar, lo que a medio plazo habría supuesto olvidarse de su realeza étnica y de su mismo pueblo godo. Sin embargo, tal objetivo fracasó por la firme intransigencia de Honorio y del poderoso generalísimo Constancio que abrigaba la idea de hacer a Ataúlfo su propia esposa, así como por la muerte prematura del fruto de la unión de Ataúlfo y Gala, al que se le impuso el significativo nombre de Teodosio (muerto 414-415).

Presionado y perseguido de lejos por el ejército de Constancio —que con un gran ejército logró apoderarse de todas las remesas de grano en los puertos de la Galia e impidió el abastecimiento de los godos, que incapaces aún de labrar la tierra, necesitaban de suministros para subsistir—, Ataúlfo y sus godos se vieron obligados a abandonar el mediodía galo y penetrar en la Península Ibérica a finales del 414, tratando de vivir sobre el terreno, luchando incluso contra los invasores vándalos.

En Barcelona sufrió la muerte de su joven hijo —enterrado con gran pompa en un sarcófago de plata—, lo que arruinaba definitivamente la opción de la integración en el Imperio

Unos meses después, en agosto o septiembre, Ataúlfo era mortalmente herido mientras inspeccionaba sus cuadras por un cliente suyo de nombre Eberwulfo —Ataúlfo lo había tomado a su servicio y ridiculizado por lo pequeño de su estatura—, que se vengaba así de la muerte de su antiguo patrono, tal vez el rosomón Saro —sin embargo, parece ser que la causa de este asesinato fue el sentimiento demasiado filorromano del rey que disgustaba bastante a la alta nobleza visigoda.— Su sucesor fue Sigerico († 415), precisamente hermano de Saro, que mató a los hijos de Ataúlfo de corta edad tenidos de otras mujeres y humilló a la viuda Gala Placidia.

GARCÍA MORENO, Luis Agustín, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol. VI, págs. 34-35.